Call of Duty ¿Y Ud. quién quiere ser?

Call of Duty ¿Y Ud. quién quiere ser?

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Ilustración por Darío Bolivar para la Edición #74

En esta nueva misión -en un barrio abandonado en alguna ciudad del oriente medio- El palestino no sobrevive. Aunque estaba alcanzando la torreta con su ametralladora M60, Sheriff lo eliminó desde corta distancia con su pistola desert Eagle dorada, aprovechando sus malas mañas de esconderse tras los muros del edificio central.

Yo mientras tanto me entretengo esquivando el ataque del Pastor, quien aún no sabe que debe quitarse del mismo puesto donde se ubica siempre. Tendrá que evitar ser dado de baja por Darksoldier, que aunque está pasado de peso puede correr más rápido que cualquiera de nosotros; o por Oldhorse, que se ha vuelto experto en el uso del lanzagranadas desde larga distancia. Esta vez yo soy el campeón de la semana, título que acordamos dar al que mayor puntaje obtuviera después de finalizado el encuentro.

Al final todos en el grupo ganamos, hemos pasado media hora muy entretenida. Cada uno de nosotros apaga el computador y vuelve a su rol normal. Ha sido un espacio para liberar estrés, para reír y competir, para afianzar el trabajo en grupo, fortalecer funciones motoras, de concentración y hasta para aprender a ejercer el liderazgo y la tolerancia en momentos de crisis, entre muchas cosas.

Lo descrito arriba, a grandes rasgos, cuenta un episodio de Call of Duty. El videojuego que en su nueva versión Ghost -a principios de noviembre de 2013- vendió en algo más de 24 horas la suma de mil millones de dólares, según fuentes de la casa productora Activision. Sin embargo, lo más importante para destacar es el tema del poder, las posibilidades que nos traen los videojuegos para incentivar la imaginación. Permiten ejercer roles que tal vez en nuestras vidas reales no serían viables. Aprendemos de asuntos como historia,  geografía y nuevas tecnologías de la información y comunicación.

Ganar en un entorno adverso y de mucha competencia es uno de los grandes atractivos  y ventajas de esta naciente cultura. Digo naciente porque para mi generación -la de las personas que tienen cuarenta años-, el primer contacto con los videojuegos fue con la consola de Atari. En mi caso particular jugaba Combat con unos tanques de guerra formados a partir de 5 píxeles. Es sólo desde hace algunos años, a través del poder y rendimiento de las nuevas consolas y del desarrollo que ha tenido la industria, que podemos disfrutar de experiencias interactivas cada vez más potentes y convincentes. Obviamente estas no se limitan al producto que menciono, sino a miles de títulos en diferentes versiones y plataformas.

Los videojuegos se convierten en una posibilidad para que la gente pueda cumplir metas individuales o grupales, alcanzar objetivos y llegar a todos los públicos y perfiles. Son una herramienta de aprendizaje que -a través de la lúdica y la tecnología- puede llegar a discapacitados, gente de la tercera edad, oficinas de Gobierno y soldados, sólo por  nombrar algunos públicos. Obviamente, también es el tiempo justo para que se implementen medidas adecuadas de control en su uso y distribución, de acuerdo a las edades de quienes lo consumen. Hay que fortalecer las ideas de emprendimiento y creación de empresas en este sector y para ello es importante el apoyo del Gobierno y las universidades.

El sábado que viene voy a manejar un Ferrari que mi hijo compró en Need for Speed. Después vamos a jugar Frisbee al parque del barrio.

Por Darío Bolivar

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