#Columna: Supermercado de salvación

Siente que nada le sale bien. Cree que necesita encontrar algo o alguien que le dé significado a su vida y lo que hace.  Aparte de su estado emocional, las deudas lo acorralan; para completar, su novia, una mujer interesada que solo estaba con él por el dinero, se aburrió de su estado poco fiestero y, argumentando que no quería drama en su vida, lo abandonó.

Un sábado, en una de sus caminatas por el centro de la ciudad, recibe un volante que un hombre le ofrece en la calle. Lo guarda en su pantalón y al instante olvida el asunto.  Por la noche, cuando se alista para dormir, repara de nuevo en el papel doblado dentro de uno de sus bolsillos y lo lee.

El volante promociona al mejor consejero y guía espiritual, no solo de la ciudad sino del mundo entero, capaz de solucionar cualquier tipo de problema.  Es una oferta llamativa, ¿a quién no le gustaría estar a salvo y esterilizarse contra el caos e incertidumbre de la vida?

El mensaje promocional del volante anuncia que ese brujo, chamán, mago, nigromante, lo que sea, puede solucionar toda clase de problemas con tan solo una lectura de: ojos, lengua, tarot, bola de cristal, las manos o los caracoles. “¿Qué caracoles es todo eso?” se pregunta. El derroche de seguridad le da desconfianza. Pone el volante encima de su mesa de noche y al rato se queda dormido. A la siguiente mañana mientras desayuna y hojea el periódico, encuentra la sección de anuncios clasificados. El tema del guía espiritual aún le da vueltas en su cabeza, y decide revisar la sección de esoterismo.

Lecturas de: tarot, café, té o chocolate; conversaciones con ángeles, astrología, misticismo oriental, biorritmos, horóscopos, parasicología, brujería, el I Ching, ufología, numerología, son solo unas de las tantas ofertas del supermercado de salvación.  “Queremos salvarnos” piensa, de qué o de quién, no tiene ni idea.

“Tal vez de la muerte, ese ente invisible que nos acecha cada segundo, que tanto nos raya la cabeza y se inmiscuye en cualquiera de nuestros asuntos”, concluye.

Hay ofertas para todos los gustos: Angeólogos santeros; una amazónica, a secas, quien asegura entregar el ser amado de por vida y arrepentido en minutos; una mujer que es la mejor psíquica pero no da su nombre, otros simplemente ejecutan “trabajos” en presencia o a distancia; también existe una maestra del amor experta en regresos; o mejor aún, una abuela católica comercializa sus dones de sanación ofreciendo “tratamientos”. Tanta oferta le genera angustia.  Cierra el periódico y acaba el café de un sorbo decidido. Considera que lo más complicado de la salvación es escoger en qué creer o a quién seguir para alcanzarla.

Autor

Juan Manuel Rodríguez Bocanegra

@Vieleicht

 

 

 

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