#Columna: Una mujer con energía radioactiva

#Columna: Una mujer con energía radioactiva

Columna-el-clavo-una-mujer-radioactivaMaria Sklodowska, apodada Manya, nació en Varsovia, Polonia en 1867.  Antes de cumplir los 11 años su hermana mayor y madre mueren a causa de tifus y tuberculosis respectivamente, pero esas pérdidas familiares no le impiden graduarse del colegio a los 15 años, con los más altos honores. En esa época no se les permitía a las mujeres estudiar en la universidad de Varsovia, así que junto con Bronya, otra de sus hermanas, ingresan a la “Universidad Flotante”, una forma clandestina de educación nocturna, que cambiaba sus lugares de reunión con frecuencia para evadir a la policía.

Las hermanas Sklodowska sabían que para obtener una mejor educación debían ir a una universidad de más prestigio, así que llegan a un acuerdo: Maria trabajaría como institutriz para costear los estudios de Bronya en Medicina en Paris y una vez esta los terminara, cubriría los costos de estudio para Manya.Es así como Manya llega a Paris en el otoño de 1891 y se registra en la prestigiosa universidad de La Sorbona como Marie, la forma en francés para Maria.  A pesar de no estar igual de preparada que sus compañeros obtiene dos Maestrías, una en física y la otra en matemáticas, en tan solo 3 años.

Luego conoce a Pierre Curie, quien luego se convertiría en su esposo, y lo motiva a escribir sobre su investigación acerca de magnetismo para que obtenga su título de doctor.  Después, cuando nace Irene, su primera hija, Marie comienza a mirar que tema de investigación le permitiría obtener un doctorado en ciencias, y así, ser la primera mujer en optar por tal título.Dos estudios de sus Colegas Wilhelm Roentgen y Henri Becquerel relacionados con los rayos X, la llevarían a sus más importantes descubrimientos: los elementos Radio y Polonio.

Finalmente, su pasión la llevó a la muerte.  El Radio casi la deja ciega y en un lapso de 7 años se realizó cuatro operaciones para corregir cataratas.   A partir de 1932 las lesiones en sus manos, producto del manejo de los elementos, empeoraron y finalmente muere en 1934 a los 67 años, pareciendo de 80, a causa de una anemia por la radiación.   La brillante Marie Curie nos dejó claro que vale la pena morir por eso que nos mueve y da vida.

“Parece que la vida no es fácil para ninguno de los dos. Pero, ¿y qué? Debemos tener perseverancia y sobre todo confianza en nosotros” le escribió Marie a su hermano en 1894, quien luchaba por obtener un doctorado de Medicina en Varsovia.

Autor

Juan Manuel Rodríguez Bocanegra

@Vieleicht

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