Cuenteros de Usaquén. Historias de ciudad

Cuenteros de Usaquén. Historias de ciudad

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El reloj no marca más de la 1 de la tarde aunque el clima diga lo contrario. Con seguridad, Bogotá no es más tibia con las horas, pero si más paciente. En especial para aquellos que buscan algo nuevo. Algo que puedan heredar sin necesidad de comprar.

El concurrir de la gente en Usaquén es cada vez más constante. El aroma de las artesanías, la inquietud de los vendedores, los sonidos que llenan cada rincón del lugar, conglomeran miles de visitantes. Casi como en fila india, van caminando hacia una de las esquinas del parque, esa que queda por los lados de la iglesia, sobre las escaleras. Ahí, dentro de su cuento, un muchacho de crespos, alto y de no más de 25 años, se apodera de la escena como solo él podía:

‘‘A la cuenta de tres, ustedes me van a dar un aplauso. ¿Por qué? porque el aplauso genera curiosidad. Y la verdad, es que aquí, (en Colombia) aplaudimos por todo, especialmente si la estamos pasando bueno. Y como la estamos pasando bueno, pues llamamos la atención de los demás y van a venir a gozarla con nosotros’’. Dice él.

No por más, se escuchan aplausos y gente chiflando. La explosión de emociones genera impacto entre aquellos que se entregan a la euforia colectiva del lugar. Poco a poco, se ve la gente concurriendo sobre las escaleras. Ahí, frente a la iglesia, Fabián Ortiz cuenta una historia sobre La Mujer Más Fiel y El Más Noble de Los Sirvientes. Un pequeño repertorio que conquista corazones de la misma manera en la que las palabras salen de su boca: con magia.

El movimiento es cíclico: una historia, un cuentero, un momento que focaliza la narrativa oral más allá de una alternativa cultural; una oportunidad de continuar construyendo memoria a través de la palabra.

Después del primero, Fabián gira sobre su lado derecho. No sin antes anunciar un hombre de barba y ojos amables que ya figura con guitarra en mano sobre la escena: Pablo Torres. Cuenta un cuento y canta un verso. Así, sencillo dentro de la emoción del público. Sabio en cada palabra, pinta la atmósfera de sus historias que cobran vida cual nota sobre un pentagrama.

Seguido a Pablo, a paso corto pero constante, un hombre de gabardina, sombrero y bastón toma su lugar en la escena. A Carlos Vega lo llena la convicción y el amor por las historias. Un actor que durante décadas llenó de gloria los escenarios colombianos, ahora enfoca su espíritu en la palabra, desde la cual reincorpora sus años de la actuación en la narrativa oral. Abnegación y respeto.

El movimiento es cíclico: una historia, un cuentero, un momento que focaliza la narrativa oral más allá de una alternativa cultural; una oportunidad de continuar construyendo memoria a través de la palabra. Un compromiso que todos debemos adquirir. Un compromiso que desde hace 16 años recibe cuenteros de todas partes del mundo compartiendo el escenario y los aplausos. Un espacio que toma lugar todos los domingos desde las dos de la tarde hasta que el último asistente se levante de la grama.

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