Don Ca en Cali

Don Ca en Cali

Don Ca

Don Ca

Patricia Ayala estaba en busca de una lanchero mientras estaba en el rodaje de otro documental, así conoció a Camilo Arroyo. Después de escucharlo pocos minutos, se dio cuenta que era una de esas personas inefables, con una historia al mejor estilo Macondiano, era, pues, la excusa para hacer un retrato documental.

No se equivocó. Camilo Arroyo al término de la proyección en el Museo La Tertulia, de Cali, es rodeado por los espectadores, los cuales lo abastecen de buenos comentarios: “Buena película Don Ca; Muy bien don Camilo; ¡usted es un berraco!”.

Don Ca, pues, es una película documental que sabe huir de esa tendencia a la Colombia de narcotráfico y el humor barato, al mejor estilo de Macondo la historia se remonta a la casa de éste en Guapi, Cauca, donde hace el papel de padre adoptivo de varios jóvenes y varias criaturas, como dos micos, tres perros, dos gatos y una numerosa cantidad de gallos de pelea, además Don Ca es redentor de las problemáticas de la vereda, ha curado niños que se orinan en la cama y aun cuando no es odontólogo, las personas acuden a él por algo que quizá nunca imaginó que podría hacer: sacar dientes.

Es un largometraje compuesto por unas imágenes que saben captar la atención del público, la fotografía de Ricardo Restrepo es un punto a favor: la selva, el río, los atardeceres, las personas, el territorio: es una captura antropológica de Guapi, y también del núcleo familiar que ha creado Camilo Arroyo, el inolvidable protagonista.

Una gran empresa, sin duda, despojarse del individuo citadino al rural, como lo ilustra Tomás González en su novela Primero estaba el mar, el cambio desdibuja el paraíso,  no obstante, a Don Ca  le parece que  “es cuestión de desnudar los prejuicios”.  No es mentira, él, que llevaba una vida con ventajas en Popayán, es muestra de loable adaptación, “es andar con la piel desnuda, con la piel al aire, la piel del alma, del corazón, por eso cuando se te acercan no sientes molestia, sino un abrazo”, dice.

Patricia Ayala cree que hay paraísos en medio de las adversidades,  por eso su objetivo consiste en colorear la manera en que algunos le hacen el quite a las desfavorables circunstancias. Así y todo, el trabajo “no tiene intenciones periodísticas”, asegura cuando un asistente al encuentro, que se desprende del Festival Internacional de Cine de Cali, le interroga por los fines del producto.

Empero, el compendio es muestra de las vicisitudes en las zonas rurales, “todo estaba bien, señala el protagonista, hasta que Guapí se volvió Colombia”, en efecto, luego de un período de agradable tranquilidad los actores armados llegan hacer de las suyas, a combatir por adueñase del territorio; las víctimas, como es habitual en Colombia, terminan siendo personas ajenas al conflicto.

Fue un año de inmersión, de idas y venidas, en el cual el equipo de productores también sintió la alteración del orden público, pero eso, lo constata el documental, es normal en un país en el que la presencia del Estado no son las escuelas, los centros hospitalarios o las bibliotecas, sino las tropas de la Fuerza Pública. No obstante, a Camilo y a su grupo de jóvenes les basta con poder hacer sus actividades diarias; con cortar pasto, alimentar a los gallos. Don Ca es feliz con sus monos trepados en la espalda, con sus baños en el río, con las tácticas de combate que le enseña a sus muchachos, con las inclemencias del clima, con la manera en que Guapi le ríe a la desgracia.

La felicidad en lo sencillo. Eso se ve claramente reflejado en el trabajo de Ayala y su equipo. Un largometraje ameno, divertido, bien logrado: al alcance de todos.

A lo mejor, en ello  estriba el buen acogimiento del público caleño, que una vez terminada la proyección se acercó a Patricia y Camilo a felicitar por su faena y por la existencia de personajes como él.

Con todo, Don Ca es una lectura diferente a esa Colombia rural que muchos suponen cobijada de conflictos, es, entre otras cosas, un ejemplo de cómo hallar felicidad en lo simple, como dice el protagonista en el documental: “La felicidad es la distancia que hay entre lo que tienes y lo que quieres. Cuando esa distancia es mínima, eres feliz”.

Por eso, los caleños salieron felices.

Por Jaír Villano

En alianza con Periódico El Pueblo

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