El final, una pesadilla llamada C = 1.0

El final, una pesadilla llamada C = 1.0

Ilustración realizada por Pedro Galvis

Ilustración realizada por Pedro Galvis

El final, el final… Pareciera que al pronunciar esa palabra dos veces me quisiera referir al fin del mundo, a la extinción o algo así, sin embargo, no… Quiero hablar por primera vez de uno de los grandes miedos de un universitario: el examen final. No es “un” es “el” examen final, es el fin, el desequilibrio emocional, la crisisprofunda del sistema nervioso, el momento en que se entiende por primera vez el significado verdadero de la fe, que Dios existe y que en ese preciso momento se debe manifestar. Es el instante en que la vida se detiene, las manos sudan, las pupilas se dilatan, las piernas pierden su fuerza, la saliva desaparece y la voz… Bueno, no hay voz. Es algo parecido a una invasión alienígena, o no, tal vez no, una invasión alienígena no causaría un efecto ni siquiera parecido. En resumen: el final, es la muerte.

Empieza la cuenta regresiva, son las 9:00 p.m, el final oral es a las 7:00 a.m, y el jurado es el docente más temido de la universidad, es una leyenda (cuenta la historia que un estudiante se orinó cuando éste le hizo la primera pregunta, nadie jamás volvió a saber de él). Tiene un doctorado, dos libros, y la fama de Michael Jackson, tiene mirada profunda y tono de voz agudo, la mejor nota que ha puesto es 3.0. Es un panorama oscuro.

Son las 9:30 p.m., la victima ya se ha leído todo –pero no sabe nada– se observan los apuntes ¡Por Dios! Son más de 100 páginas de material evaluable, pero podría ser peor. Vuelve la calma, estudié y eso es lo importante… Llamo a un amigo, me contesta; “viejo, pregúnteme lo que quiera para el examen de mañana”; él pregunta y no sé de qué rayos habla, ahora soy yo quien pregunta “¿Eso lo vimos en clase?” Sí. Hay que aceptar, todo está perdido.

Son las 10:30 p.m. los ojos no aguantan más, se cierran, la cabeza se inclina y la luz quema. Ya es una semana de estudio intenso –y un partido de Champions– de miedo y de ansiedad, pero hay que continuar. Decido estudiar toda la noche, al final es un esfuerzo que después será recompensado, así que manos a la obra: un café, agua en el rostro y un asiento incómodo que no me deje dormir.

Son las 6:00 a.m. Desperté y atiendo a mi realidad: me quedé dormido. Me levanto, voy al baño, observo mis ojos con su entorno demacrado y acepto que todo está perdido, me dormí la noche que no debía hacerlo…

7:15 a.m. Salen del examen los tres primeros compañeros. Uno me dice: “no preguntes nada”, el dos me dice: “viejo, pagá supletorio”; y la número tres no puede hablar, solo llora.

Es mi turno, empiezo a creer que los infartos pueden llegar a corta edad. Estoy destrozado emocionalmente, camino por inercia y saludo: “bubuuuenos días…”.

Era cierto, el maldito no pone a nadie más de 3.0…

Pero no todo es malo. Sobreviví, todavía respiro, igual, solo es una materia, no va a terminar la vida. El único lío es que mamá me recordará que mi única obligación es estudiar y que no he podido con eso, pero ya se le pasará. Son las 7:00 p.m: mañana tengo el final.

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