El hijo de papel

El hijo de papel

La voz de los estudiantes

Por, Lina Uribe

En el año 2006 a un grupo de estudiantes de la Universidad Javeriana se le ocurrió la idea de crear una revista para producir algo más de lo que sus deberes académicos exigían. Así Nació  la revista Pasá la Voz, una  publicación semestral que se ha mantenido por casi siete años y que hoy llega a la edición número trece.

El compromiso inicial fue el de crear un proyecto editorial que no se quedara en el primer número. Hubo que trasnochar, escribir, diseñar y convencer con argumentos. Finalmente, la Carrera de Comunicación avaló la iniciativa de Pasá La Voz. Se realizó la publicación número cero para testear la opinión de los estudiantes: ¡cómo dolieron esos primeros errores!, las tildes que no aparecieron, los colores diferentes a lo que se había visto en la pantalla antes de imprimir.

De allí en adelante, la revista es como una hija que se toma cuatro meses antes de salir del vientre. Es el proyecto de unos jóvenes que le apostaron a hacer algo distinto y lo lograron. Es un sueño que sigue vivo porque otras generaciones de estudiantes se han enamorado de él y han dado todo para sacarlo adelante. Es el trabajo de un grupo, cuya única recompensa es la satisfacción que produce tener la revista en las manos y recordar todo el proceso que hubo detrás de esas 48 páginas, que al comienzo fueron 24.

Se nos creció la audiencia

Aunque los primeros números de Pasá la Voz contenían únicamente textos e imágenes realizados por estudiantes de la carrera de Comunicación, ahora alberga las creaciones de javerianos de distintas carreras: desde los relatos de ficción, del más tímido ingeniero, hasta las imágenes capturadas por el médico más ocupado. Estas experiencias estimulan una participación estudiantil, que a futuro podrá convertirse en participación política, si es que esto no sucede simultáneamente.

El pensamiento joven destila por entre las palabras y los párrafos dibujando realidades, sueños, expectativas, críticas y aspiraciones de una generación que quiere y pretende ser escuchada dentro y fuera de la Universidad.

Como parte de su práctica profesional la estudiante Eliana Rojas, de la carrera Ciencia Política realizó un análisis del contenido de los primeros 10 números de la publicación. Encontró que el discurso de los escritores de Pasá la Voz revelaba intereses por lo humano, lo creativo, lo artístico, lo social, lo político y los temas de ciudad como gran telón de fondo.

Puede decirse que con el tiempo la audiencia creció, desde el punto de vista de los lectores y los escritores interesados en publicar. Eso ha implicado más trabajo para los responsables de la publicación. Por lo cual, se debe hacer una rigurosa selección de lo que va en cada número. Hay que hablar con los autores, convencer a algunos de que los textos se pueden mejorar, pedirles  fotos, sugerirles titulares y algunas correcciones que ayudan a mejorar y estimular el trabajo.

Una escuela para la vida

La revista es también una oportunidad de aprendizaje que nace cada semestre cuando se inician las reuniones del Consejo de Redacción. En este sentido, el medio se ha convertido en una pequeña escuela de periodismo joven en la que hay roles y responsabilidades derivadas de las tareas de informar y opinar. El Consejo de Redacción propone y define algunos temas. Hace la convocatoria a todos los estudiantes de la Universidad  semana tras semana, hasta la hora del cierre, discute los artículos, las fotografías y las ilustraciones. No hay censura de parte de alguien extraño a este Consejo.

El proyecto enseña a trabajar en equipo, a plantear y a cumplir unos objetivos, a valorar la creación ajena y a manejar todo el proceso que implica la elaboración de un medio impreso. Es válido preguntarse ¿qué premio recibe alguien que trabaja en la revista Pasá la Voz? La respuesta es muy sencilla, encontrarse con gente que quiere tener la revista, ver a los compañeros de universidad leyéndola en los pasillos, darse cuenta de que en cada edición publicada se mejoran cosas.

Al cumplir sus primeros cinco años, la revista convocó a todos sus editores, hoy profesionales de la Comunicación. Todos renovaron sus votos de amor por ese medio que ayudaron a crear. El olor a tinta aún los embriaga… Invitaron a los nuevos responsables a pensar el medio en un ecosistema diversificado por las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Eso quedó planteado allí como un reto.

El premio, cuando llegan los meses de mayo y octubre, es ver cómo ese hijo de papel, que un día encarnó la voz de los estudiantes de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana, se enriquece y mejora edición tras edición.

 

 

 

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