El Pop-Fart, de Lady Gaga a Nicky Minaj

El Pop-Fart, de Lady Gaga a Nicky Minaj

El Pop Fart

 

En mis 23 años de vida he sido partícipe de la cultura Pop de los 90’s (la mejor época musical sin duda alguna), y también de la década presente. Debo admitir que, aunque el periodo es corto, he visto una transición relevante en este movimiento mainstream, que con el pasar del tiempo se ha ganado, por no decir menos, el puesto más importante en la industria musical.

Me es imposible olvidar aquellas épocas en las que Britney Spears vendía una imagen virginal y coqueta, en medio de una constante batalla mediática contra Christina Aguilera y su tan criticado intento por “adueñarse” del idioma español. Los ‘N Sync y los Backstreet Boys hacían vibrar las hormonas de las chicas y chicos adolescentes. Cher y Madonna se lanzaban a nuevas propuestas que se convirtieron en himnos como, Believe o Ray of light. ¡Qué tiempos aquellos!

Sin embargo, hoy por hoy,  las cosas son distintas. Mientras todos los artistas se entregan a un beat propio de RedOne y un medley rapeado por Pitbull ─con su “dale” y ese grito que me recuerda a Xena: La princesa guerrera─, otros compiten por el corazón de jovencitas que hacen parte de un fandom demencial que glorifica a sus ídolos, como si estos fueran los mismísimos dioses del Olimpo. Niñas que matan a su perro porque los integrantes de One Direction no las siguen en Twitter; que se rapan la cabeza porque pensaban que Justin Bieber tenía cáncer (muy buena broma, por cierto, todo un troll el caballero que inventó esto, me le quito el sombrero); que amenazan a un jugador de fútbol por lesionar sin intención a Louis Tomlinson (quien quiera sea él) en un partido; y que le hacen bullying a todo aquél que se atreva a criticar a Lady GaGa y sus tal vez sí o tal vez no, plagiados temas. ─No les prestes atención Mother Monster ¡Express Yourself!─ (Como dice un respetado dramaturgo paisa: “El que lo entendió, lo entendió”).

Si tuviera en mis manos el poder de cambiar la cultura Pop, créanme que haría serias reformas: tal vez le pondría un poco de ropa a Miley Cyrus y le devolvería la dignidad. Le mostraría a Katy Perry que lo kitsch le queda mejor a Laura León. Le pediría a Britney que volviera a recuperar su cordura ─porque me es inevitable verla y no recordarla calva y empuñando una sombrilla como si fuera la sierra eléctrica de Leatherface─ y también su estilo musical, porque honestamente, si quiere volver a ser lo que era… You better work B…  Justin Bieber, pues,  creo que no existiría Justin Bieber, ya que  en mi utopía no hay espacio para un “artista” que escupe a sus fans, que orina en balde de trapeador y que le pide a sus guardaespaldas que lo lleven en hombros por la Muralla China como si fuera Elizabeth Taylor en Cleopatra.

Tal vez en mis manos no esté el cambiar esta cultura, pero sí mostrarles un poco que la música no es vender la virginidad por tickets para un concierto, no es cortarse las muñecas por un cantante y ciertamente no es rezarle a una “diva” para que saque rápido su nuevo álbum. La música es para escucharla, apreciarla, tomar lo mejor de ella y aplicarla a nuestra vida para hacer los ratos más agradables.

 Ojo: sólo lo mejor, nada de ponerse en plan Nicki Minaj.

Autor: Yamil Chuaire Botero

Correo: yamilchuaire@hotmail.com

Twitter: @ChuaireYamil

Sección: Temática

Ilustración: Pedro Felipe Galvis Barrera

Correo: enigmatador@gmail.com

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