Esta es mi canción de despedida: diga “chao” con música.

Esta es mi canción de despedida: diga “chao” con música.

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Durante tiempos inmemorables, la humanidad ha sido testigo de la melosería, el melcoche, el empalague, entre tantas otras demostraciones del mal llamado “mejor de los sentimientos”: El amor. Para esto, y como cosa rara, utilizamos la música para representar y hacer saber nuestras más sinceras intenciones. Sin embargo, todo cambia cuando en vez de utilizar la música para dicho fin, la tenemos que utilizar para decir adiós, hasta aquí te vi, si te vi no me acuerdo, seguí la flecha, cogé el tren y ese largo etcétera de formas de despedida.

Es ahí cuando nos volvemos unos verdaderos jueces de la música y desempeñamos esa labor haragana de hacer que una canción haga el trabajo que nosotros no podemos, gracias a ese temor de decir que no y embadurnarnos en la pena de poner la cara. Eso sí, para conquistar sacamos todo ese Romeo latin lover que llevamos por dentro, sí, muy dentro de nuestras entrañas; de donde yace esa fuente de pulcritud, de luz y ese aura que conspira con la luna y las estrellas para decir las palabras más hermosas. ¡Ay, el amor, el amor, el amor!

Pero no, no nos desviemos del tema. Aquí el tema son esas canciones que utilizamos para darle sentido a esa necesidad de no querer estar más con esas lindas personitas que nos dieron todo de sí.

Empezamos, por supuesto, con los enamorados cliché, que enamoran con canciones cliché  y, por obvias razones, despiden con canciones cliché y pues claro que su amplitud, su inmensa biblioteca musical, los lleva a dedicar: ”Me voy” de don Andrés Cepeda, protagonista de amores y desamores de muchas generaciones de adolescentes y, ¿por qué no?, también: semi-vejestorios colombianos.

 

En este recorrido por el camino de la despedida no podemos dejar a un lado a las eternas víctimas del amor, que para jabonearse, para salirse por la tangente, se hacen los inservibles, innecesarios y poco merecedores de su pareja. Entonces, se les viene a la cabeza dedicar esta joyita, de los ecuatorianos Tranzas, ”Debes buscarte un nuevo amor”. Hágame el favor.

(Nótese la alta dosis de chantaje durante los coros de la canción).

Para seguir con la línea del chantaje, la agonía y el famélico pop ecuatoriano, que hace de nuestras despedidas amorosas severos velorios sentimentales, no faltan los que utilizan a “Don me voy a morir a flor de piel, gracias a la depresión que destilo en mis canciones”. Y este señor no es otro que Juan Fernando Velasco, de quien, yo creo, lo peor que pudo hacer su exnovia fue haber aceptado dejarlo. Ahí les dejo: ”Chao lola”. Por favor escucharla en compañía de la almohada y el Yordano de centro, todo maltratado por el alienante malestar del desamor.

 

Bueno, pero hay quienes hacen de la despedida una tragedia de vida, que se va convirtiendo en un orgullo provocado por las altas cantidades de alcohol que se ingieren durante las respectivas tusas (efecto posterior a la despedida) y se atreven a despedir con canciones de la envergadura, de nada más y nada menos, que de la rubia de oro, ni más faltaba: Paulina Rubio y su ”Último adiós”. Por favor.

 

Siguiendo el concepto de despedirse en medio del sonido popular, de la compañía etílica y una que otra rumba, o para precisar mejor, un parrandón vallenato, no puede faltar la famosa frase: “esta es mi canción de despedida”. ¡Por Dios santísimo¡ El señor Kaleth Morales nos escribe esta joya: ”Todo de cabeza” interpretada en la voz de Silvestre Dangond.

 

Tenemos que reservar, obviamente, un espacio a mis amigos que quieren hacer de su despedida algo inolvidable, lleno de conmoción y, sobre todo, de respeto, debido a su amplia perspectiva de entendimiento del amor, de la vida y por supuesto un excelente oído musical y un gusto inigualable por la literatura. Para esto hacemos el debido llamado al Paulo Coelho de la música, al Walter Riso de la melodía, al increíble compositor de compositores: Ricardo Arjona (Sólo apto para oídos privilegiados) con, nada más y nada menos que: “Fuiste tú”.

”De más está decir que sobra decir tantas cosas”. El poeta español Miguel Hernández al lado de este señor se quedó enano pues.

Por supuesto, hay quienes se van y quieren volver así como si nada pues. Como si uno fuera el juguete, el títere, el trapo viejo de la cocina de un restaurante comunitario. Para este tipo de gentecita están estos morochos sabrosos, respetables e históricos de la música: Los Hermanos Lebrón y su canción merecedora de una distinción. Protagonista de más de una rumbeada sabrosa: “Qué pena”. 

Y no pueden faltar aquí nuestros queridísimos amigos del flow y la rima. Los agraciados del perreo, zandungueo, manitanteo y cantidad de atrocidades más. Los reguetoneros y su arrogancia al irse, como si fueran lo último en relojes imitación en el centro; lo último en zapatillas panameñas, pues. Y es que eso de: “Vete, Mami, que cómo yo ninguno, pieldes tú, tengo mil jevas” y demás derroches de egolatría, no son de gratis pues. Por eso la canción ”Noche de entierro” y como quien dice: Coja la curva pues, que yo estoy vacilao.

 

Pero, para hacer sentir bien a esa persona que estamos dejando nada mejor que utilizar una versión barata, menesterosa y por qué no, angustiante de Andrés Calamaro. Y estamos hablando del señor Coti, quien fue capaz de componer esta canción y con ella misma despedirse de la música y de nuestras vidas, en general: Canción de adiós. (Si quieren una mejor imitación de Calamaro busquen a Capusotto en Youtube). Ahí les tiro ese dato de gratis.

 

Pero, para decir adiós también hay maneras sutiles y cargadas de un alto contenido de sabiduría, con palabras que una a una, van ayudando a entender la decisión, y dejan en esa despedida un momento marcado que quién sabe si se podrá superar. Este es el señor de señores, maestro de la composición y uno de los más grandes músicos que nos brindó Latinoamérica: Gustavo Cerati con “Adiós”. (Espero no decirle adiós tan pronto al maestro que por ahora sólo duerme, sólo descansa).

 

Vamos despidiendo la nota con esta canción. Para aquellos que viven amenazando con marcharse, que están aburridos, que se sienten incomprendidos y no sé qué más cosas. Les dejo este regalo de canción: Favio Posca, Los voy a abandonar’. Por favor atención al final de la misma. Muchas gracias.

 

Vamos también diciéndole adiós a esta nota llena de nostalgia, melancolía y tragedia. Pero recuerden: si van a terminar es mejor poner la cara, y quedar como un zapato, pero de frente. De frente. 

 

Por Levy Rincón

@levyrincon

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