Hipocresía 2.0 La verdad detrás de la web

Hipocresía 2.0 La verdad detrás de la web

hipocresia 2.0

Somos tan buenos en las redes sociales… Tenemos un corazón puro y noble cuando de comentar en el muro se trata. Somos artistas, tenemos frases inspiradoras y estamos conectados con buenas vibraciones.

Nuestras pasiones como la música, el deporte, nuestros hijos, el matrimonio, los viajes, los perros, los viajes sin el perro, Martín comiendo helado, el helado de Martín, la servilleta sucia de Martín… tienen todas un destino en común: ser compartidas.

Somos tan buenos que nos acordamos de los cumpleaños de nuestros 876 amigos (persona promedio poco popular). Nos encanta estar en contacto con nuestros amigos de la infancia, el colegio; el que lo echaron en octavo, el ex de mi hermana, mi tía, mi primo segundo, su mujer… A toda esa gente hay que tenerla cerca porque o sino quién va a comentar la foto de lo que comí anoche, a quién le expreso mis estados reflexivos, a quién le restriego que me subieron el sueldo, a quién le echo el cuento de que mi vida es pura #felicidá.

Tenemos tantos amigos que hasta le escribimos a @Dios. Le decimos que creemos en él y en su poder; le decimos que lo amamos y que entonces le manda a decir mi mamá que si me saca de este hueco y me hace feliz y millonario. Pero que si sólo se puede una de las dos no hay problema, “hacéme millonario chuchito que yo con una #rumbita y #carronuevo #OMG
#happyforever me contento”.

Hemos rezado por Haití, Egipto, Siria, Venezuela… Hemos condenado dictadores, violadores y ratas de distintas especies. Nos hemos quejado del mundo con fotos y declaraciones políticas de 140 caracteres. Hemos dado muchos likes para cambiar el mundo, y nada.

De dientes pa’ afuera y de enter pa’arriba, somos unos idealistas indignados por tanta injusticia social. En las redes somos esos seres que el mundo necesita; esos seres valientes, denunciantes, llenos de opiniones y argumentos. En esos perfiles cuidadosamente construidos somos finalmente lo que una sociedad quisiera de nosotros, pero parecemos empeñados en volver un paraíso la realidad virtual (que sigue siendo una utopía), antes de hacer algo por la verdadera realidad que se hunde en un tanque de estiércol.

Y es que somos hasta falsos, tanto que nuestra foto de perfil no puede dar fe de nuestro parecido físico porque sencillamente nadie es tan bonito o tan cool como pareciera ser en la foto de perfil. Lo más patético es cuando esas fotos han pasado por proceso de retoque en Instagram y además nos la hemos auto-tomado con el brazo estirado y la mirada perdida en el horizonte como si fuéramos tan importantes como para que alguien se hubiera tomado la molestia de retratarnos o nos persiguiera un paparazzi.

Hace algunos años el director de mi carrera en la universidad me dijo que las redes sociales creaban un nuevo escenario en el que todos podíamos jugar como iguales, pues a veces la dinámica social que el contacto real exigía no era algo que todo el mundo pudiera manejar. Habiendo entendiendo su punto y habiendo estado muy de acuerdo con él, hoy digo que las redes sociales solo nos están dando otro lugar para ser ridículos e hipócritas, y si El Clavo quiere hablar de pecados, pues aquí podríamos empezar la lista de los 7 nuevos capitales.

Comments

comments