Infidelidad: Más allá de los cachos.

Infidelidad: Más allá de los cachos.

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La fidelidad es un tema bastante complicado en el que los sentimientos y la razón juegan un papel importante a la hora de considerarla. Sin embargo, muchos se dejan dominar por las hormonas y el flujo de sangre genital hace que significativamente pierdan la capacidad de pensar con cabeza fría (Y hablo de la cabeza que tienen sobre los hombros) y a llevarlos a cometer actos de los cuales se podrían arrepentir más adelante.

En lo que he logrado estudiar he descubierto que el ser humano es polígamo por naturaleza y aunque la cultura occidental nos adiestró como perritos falderos para no cometer felonías, nuestra bestia primaria ha  logrado desagarrar la corteza moral que nos cubre para dar paso a una desfachatez lujuriosa que es consecuencia de  muchas situaciones negativas.

Cuando nos sentamos con calma a analizar todo esto, nos damos cuenta que la infidelidad no es más que un acto de inconformidad sexual, en la que el ser humano busca saciar los placeres lujuriosos pero procurando no perder a la pareja, debido al amor que tiene para con ella. Es importante aclarar que el ser infiel está estrictamente ligado con el sexo y no tiene nada que ver con lo sentimental, de ser así, simplemente sería un desamor; del cual es muy fácil salir ya que una ruptura no va a ser difícil en lo absoluto debido a que no hay sentimientos de por medio que lo aten a la otra persona.  Claro, eso dice la razón y podría decirlo un estudio no muy exhaustivo del ser humano, pero, ¿qué pasa cuando este estudio empieza a tener vetas éticas implícitas que nos llevan a pensar un poco más como humanos y no como simples personas? En ese momento aparecen interrogantes que nos hacen cuestionarnos si vale la pena quebrantar la lealtad del otro sólo por un capricho.

No sé si usted sea un infiel recurrente, lo haya sido en contadas ocasiones o simplemente lo esté considerando como una escapatoria a la monotonía sexual que le abruma y que lo lleva a justificarse con argumentos estúpidos e irracionales como “Es que yo soy hombre” o “Necesito hacerlo para saber si de verdad la/lo amo”. Pero sería bueno que considerara la situación antes de involucrarse en ella. Piense que la persona con la que usted está cometiendo la infidelidad no tiene el más mínimo interés en usted, bien sabe que después del coito (Soné como profesor de sexología) el único interés que puede quedar es en darse un “repitis”. A esta persona no le importa usted cómo se llama, si está bien o mal; sin embargo, su pareja no le está brindando una relación en vano. El amor se desvela cuando hay enfermedad, se preocupa cuando hay angustia o tristeza y se alegra cuando hay méritos y éxitos.

Otro punto a considerar cuando se esté acostando con un extraño es el de contraer una ITS. No es algo en lo que desee ahondar mucho ya que no quiero sonar como panfleto de Profamilia, además que si usted ya tiene sexo, eso quiere decir que está lo suficientemente viejo para saber de qué hablo, lamentablemente lo viejo le ha dado una memoria corta (o tal vez selectiva) y se le olvida todo lo que aprendió en las clases de educación sexual del colegio.  Y es que la peor parte no es contraer una enfermedad, es contagiarla. ¿A usted le parece justo que por estar “portándose mal” ande regando las consecuencias de su irresponsabilidad a su pareja?

Como estos puntos, hay muchos más a considerar a la hora de ser infiel, pero no tengo que estar recalcándoselos todos para que lo piensen; como seres lógicos somos capaces de obviar y concluir.

Creo que mi posición frente a la infidelidad es bastante obvia: al poner la teoría psicológica del comportamiento sexual humano vs. La moral (créame que traté de usar otro término menos conservador, pero no logré encontrar uno que abarcara todo lo que quiero expresar) La segunda termina ganando. Si nuestra vida y cotidianidad giraran en torno a teorías científicas que planean demostrar los orígenes y el por qué de la humanidad, simplemente seríamos animales proactivos, con unas cuantas cualidades que nos diferenciarían de aquellos que andan en cuatro patas pero que ciertamente no nos harían mejores (porque en lo personal considero que no hay criatura más mala, destructiva e ignorante que el ser humano, pero eso es, como dicen por ahí, cuento pa’ otro día) Son la evolución social y cultural las que nos han ayudado a definirnos como seres racionales y analíticos (claro que algunos han llegado al extremo con prejuicios sobre el sexo fuera del matrimonio ya que según ellos Dios, su dios, ha juzgado esta práctica y la ha calificado como repugnante y deshonrosa así que sólo debe llevarse a cabo bajo la santidad del casamiento para que el fruto sea un niño que más adelante se regirá por las mismas normas y terminando en generaciones de devotos ciegos) y no podemos dejar de lado estas costumbres que hemos logrado construir, haciendo aparte nuestro egoísmo y pensando en el otro con el fin de no dañarlo.

La fidelidad es un estado mental y una entrega sentimental que no le es imposible ni ajena a ningún individuo y si tan solo una persona es capaz de lograrla no hay motivo para que el resto de la humanidad no pueda. Si nuestro ser puede brindar estabilidad a aquellos que amamos en una corta fracción de tiempo entonces no hay justificación para decir que es imposible extender ese periodo y hacer de la lealtad y el respeto una cotidianidad.

Por Yamil Chuaire

@ChuaireYamil

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