Un trabajo que marca la diferencia

Un trabajo que marca la diferencia

Institutos Técnicos Agropecuarios y Forestales

Institutos Técnicos Agropecuarios y Forestales

Un futuro mejor para el campo

¿Se ha preguntado qué tanto ha cambiado la educación en nuestro país con el paso de los años? Las escuelas y colegios eran sitios donde la formación rígida predominaba casi como ley. Los estudiantes tenían un margen de opinión propia muy reducido. Gracias a los modelos estándar que se fueron imponiendo por el Ministerio de Educación, la formación se profesionalizó y se estructuró, de manera que los conocimientos fueran universales y los estudiantes tuvieran una apertura hacia el mundo globalizado.

¡Un trabajo que marca la diferencia!

La Fundación Smurfit Cartón de Colombia es una organización privada sin ánimo de lucro, fundada hace 50 años. Contribuye al mejoramiento de la calidad de vida en las comunidades vecinas a las plantas y a las zonas donde se desarrolla la operación forestal de Smurfit Kappa Cartón de Colombia. Con lo cual beneficia a comunidades rurales que, por su distancia y lejanía, a veces no tienen fácil acceso a las políticas públicas de mejoramiento.

Los Institutos Técnicos Agropecuarios y Forestales (ITAF) son instituciones ubicadas en Calima Darién (Valle) y en El Tambo y Cajibío (Cauca). No tienen ánimo de lucro y desde 1993 plantean una solución educativa de calidad a entornos diferentes a los de la urbe. Los estudiantes pueden sumar sus conocimientos sobre el agro a las exigencias avaladas por el Ministerio de Educación. Los ITAF acogen una población joven proveniente en un 77% de la zona rural y en un 23% de la zona urbana. En la actualidad tienen matriculados a más de 650 jóvenes.

Para los ITAF el campo es una fuente de conocimiento para un grupo de personas que tienen mucho que aportar al país. Esta organización aprovecha los conocimientos propios de la zona y su condición de productores del campo para proyectar a sus alumnos. La educación de los ITAF parte de la siguiente premisa: los niños de estas zonas tienen la posibilidad de aprender valores y cualidades, que en la ciudad son casi imposibles de inculcar por la inmediatez de los contenidos, la falta de tiempo y espacios naturales. Son alumnos y colombianos conscientes de la situación del país y del mundo, con sus propias convicciones, pero que tienen la posibilidad de interactuar con espacios como huertas, cultivos, viveros y criaderos de animales, lo cual hace que su entendimiento del campo no sólo los identifique, sino que los haga ser estudiantes realmente diferentes.

Este tipo de modelos –en los que las empresas aprovechan sus recursos para apoyar espacios como los ITAF– son beneficiosos para las generaciones que se están formando. Muestran al campo como generador de paz, con habitantes capaces de afrontar no sólo su orgullosa condición al trabajar la tierra, sino también su capacidad de formar y entender la dinámica de cambio de los mercados y las alianzas internacionales que recientemente ha hecho el país en los Tratados de Libre Comercio.

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