El Petronio desde la vista de un melómano empedernido:  Entrevista a Juan Carlos Garay

El Petronio desde la vista de un melómano empedernido: Entrevista a Juan Carlos Garay

juan-carlos-garay

Entre marimba, chirimía y la gozadera del Festival Petronio Álvarez, nos encontramos con Juan Carlos Garay; melómano, periodista en la revista Semana y locutor en La Onda Sonora de Señal Radio Colombia. Fiel asistente a este festival desde el año 2006 y que además, nos ofrece un breve análisis del cómo avanza esta fiesta del pacífico, sumado la experiencia como jurado del evento en años anteriores.

 ¿Cómo te fue en el Petronio?

Bien. Yo creo que este ha sido de los mejores que recuerdo, en cuanto a calidad musical de los participantes. Por ejemplo, los tres finalistas de las categorías violines y marimba, eran de un nivel 1A. Ya se empieza a sentir una profesionalización de estos músicos que en su mayoría son empíricos. Un nivel que no había sentido antes.

¿El Festival sí ha servido para ampliar el Mercado Musical del Pacífico?

Sí, claro. Piensa no más cuando empezamos a hablar de la categoría de violines caucanos hace casi 6 años. Esto era música que estaba en ‘peligro de extinción’ y en la final del festival ves unas chicas que no tendrían más de 20 años, tocando violín. Es un instrumento muy difícil y siempre sonaron afinadas. Ahí estaban transmitiendo conocimiento a la siguiente generación y eso es maravilloso. Yo creo que el Petronio impulsa eso. En cuanto al mercado, ya hay otras características. Tampoco creo que sea necesariamente ‘la meta’. En una charla que tuvimos en el Centro Cultural que dio el antropólogo Manuel Sevilla, hablábamos de eso: a los artistas vernáculos, a veces, les están metiendo en la cabeza que tienen que profesionalizarse para buscar el éxito y la gran pregunta sería ¿qué es el éxito? El éxito es salir en televisión, llegar a estar nominados al Grammy Latino… Y para qué, ¿tú sí quieres realmente eso? Habrá músicos que si les interese, pero habrá muchos que no, que simplemente hacen música por el placer de hacerla y eso es igualmente válido. No necesariamente quieren salir de su pueblo a la gran ciudad a hacer parte de toda esta industria. A veces, hay que ver a quién se dirigen estos eventos como el Mercado Musical Del Pacífico. Claro, yo veo propuestas urbanas con hip-hop y todas estas cosas y esa sí es música que busca salir. La misma inercia de esas músicas buscan mercados hacia afuera. Pero no creo que sea el mismo caso de todos los músicos del Pacífico.

¿Sería buena idea descentralizar el festival hacía otro lugar del país?

Creo que Buenaventura merecería también un festival así o por lo menos un satélite de este. Cali se autodenominó ‘La Capital del Pacífico’ a raíz de eventos como este y se entiende el porqué. La ironía es que Cali no tiene costa pacífica. Creo que Buenaventura debería ser el paso a seguir.

¿Qué fue lo que más te gozaste del XVIII Festival Petronio Álvarez?

La organización. Creo que el Petronio por fin encontró su escenario. En esa búsqueda que pasó por la Plaza de Toros y El Estadio. Este último no fue un desastre porque ‘mi Dios es grande’ como decían las abuelas. Pero ese paso por el Estadio y esa configuración del escenario en un lateral del lugar, fue el peor diseño que he visto y todo por no pisar la grama. Además los críticos se enojaron porque quedaron cuatro círculos que eran las cuatro patas de la tarima donde el pastico quedó más amarillo e hicieron de eso un escándalo. Entonces no se puede tener ni a los unos ni a los otros contentos. Los periodistas deportivos pegaron el grito por eso. Y los melómanos no pudimos ver bien. Solo un 10% de los asistentes estaban frente a la tarima y el otro 90% les tocaba buscar en los extremos las pantallas. Fue lo más absurdo.

En la Plaza de Toros, estuvo bien. Pero al final, la gente no cupo. Y finalmente llegamos a las Canchas Panamericanas. ¡Por fin! Encontramos el espacio ideal. Podemos tener nostalgia de Los Cristales pero ya pasó. Hay que entenderlo como una parte bonita del pasado. Eso me gustó además del nivel musical.

¿Qué es lo que le falta al Petronio?

Lo veo bastante bien. Ahora bien, se combina con el Mercado Musical del Pacífico. Genera alrededor otro tipo de movimiento cultural y de mercado. Y la zona gastronómica, se ve cada vez más profesional. Y ahora veo que le agregaron artesanías, accesorios y demás y todo como parte de una manera más amplia de entender la música del pacífico. Lo único sería que cuando los músicos no quedan entre los finalistas no los echen tan rápido. ‘¿No quedó entre los finalistas? Haga la maleta y váyase o sino, el siguiente día de hotel, le toca pagarlo de su bolsillo’. No ser tan rígidos con esa norma. Si son invitados al Festival y pagaron su inscripción y quieren quedarse un día más para ver la final, pues déjenlos. Eso sería lo único, pero eso habría que preguntárselo a los músicos. A lo mejor para ellos es normal y también quieren irse. Pero que no se sienta que lo están echando.

Fuiste jurado en el 2007. ¿Cómo fue la experiencia?

Horrible. Eso es lo que no quiero repetir jamás. El jurado es el que menos goza. Todo el mundo goza y uno no. Fuera de eso, no estuve de acuerdo con el fallo del jurado, que también puede suceder. Por lo general un jurado esta conformado por un número impar, y yo quedé en desventaja dentro del jurado en aquel entonces. Mi apuesta no era por el fallo que se dio. Además, me generó muchas dudas existenciales. Seguí repitiendo en mi cabeza lo que pasó ahí; en vez de eso, hubiéramos ido por otro lado. En esta final miraba a Wilson Viveros. Siempre lo hemos visto muy feliz y recochando y el hombre estaba serio. Se ponía los anteojos y escribía en un papel y yo decía ‘¡ese no es Wilson Viveros!’ Hizo muy bien su trabajo, pero no se lo disfrutó.

¿Qué parámetros tienen los jurados para elegir los ganadores?

Hay de todo. Pero en realidad, cualquier decisión de un jurado es subjetiva. La objetividad es un mito. Uno tiene criterio, y eso no es objetividad. Hay puede jugar de todo: desde un ceñirse al pie de la letra a las reglas que están escritas que no puedes llevar camisetas con mensajes o que no puedes arengar ninguna presentación artística. O que se pasó 10 segundos en el escenario y se descalifica. O puedes tener un criterio regional que fue lo que hizo el jurado de este año; si tu analizas las cuatro categorías, (marimba, chirimía, violines caucanos y versión libre) estuvieron repartidas entre Chocó, Valle, Cauca y Nariño. Eso es ser muy estratégico y quedar muy bien con todo el mundo. Cada jurado escoge su criterio.

Algo que sí falta es un buen remate. Al final del Festival tú sabías que te ibas para el Hotel Los Reyes o la Calle del Pecado y ese era ‘el remate’. Y a medida que el Festival creció y los músicos empezaron a ser hospedados en distintos hoteles y la fiesta dejó de concentrarse en un solo punto. Llegaron los establecimientos comerciales y dijeron ‘‘¿dónde es el remate? Hoy en Zaperoco o Mikasa. Y ya se vuelve un negocio y se pierde ese remate espontáneo donde se juntaban los músicos de distintas agrupaciones a tocar entre ellos. Eso se perdió y tampoco sabría cómo recuperarlo. No es volviendo a la Calle del Pecado, ya se ‘perratió’. Habría que buscar espacios.

Cuando el Petronio era en Los Cristales, se armaba una especie de procesión donde nos íbamos caminando hasta la Loma de la Cruz. Sería bueno que la Gobernación o la Alcaldía brindaran esos espacios en parques públicos.

¿A qué parte de Colombia debe llegar la música del Pacífico?

Hay que dejarla que siga su rumbo natural. Porque si no, es una imposición. Es como cuando tú llegas a Cali y oyes vallenato en la radio. Eso no es natural, es una imposición. Son modas y ¿qué es una moda? una imposición de unos poderes invisibles. A cada rato somos víctima de esos poderes, donde se mueve más el dinero. Ni siquiera el Presidente, son los conglomerados económicos. La música es hermosa en sí misma, no necesitas nada que te la avalúe.

¿Cómo se llega a ser melómano?

No sé. Cuando te llegas a dar cuenta que de tus cinco sentidos el más importante de lejos, es el oído. Yo soy muy despistado visualmente. A mi me pueden presentar a una misma persona tres veces. Pero si tengo mucha retentiva por el oído. Creo que hay una disposición del mismo organismo para eso. Mi cultura musical, se la debo a algo que se llamaba ‘Las Notas Interiores’. En la época del disco en Long Play, en la famosa contratapa, tenía unos textos: los créditos del disco más uno analítico. Era un cuadernito con varias páginas. A ese tipo de literatura, le debo mi conocimiento. Con eso, me culturicé. Ahora me preocupa la manera en cómo circula la música: por tracks que se comparten en internet. Circula más rápido, pero no la información. De la pérdida del CD lo que me duele es el cuadernito que venía en él.

 

Por Lady Ospina

@LadyOspinaV

Comments

comments