La ausencia de una perspectiva ecológica en Colombia

La ausencia de una perspectiva ecológica en Colombia

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El más reciente informe de la Contraloría en relación al uso descontrolado del mercurio y el cianuro en las explotaciones ilegales de oro es alarmante. El mercurio y el cianuro en estas actividades no solo resultan perjudiciales para las especies del actual ecosistema, también para las del futuro. Se trata, pues, de un daño irreparable e irreversible.

La ley 1659 de 2013, mediante la cual se establecen disposiciones para la comercialización y el uso de mercurio en las diferentes actividades industriales del país, ordenó erradicar el uso de este elemento químico por un plazo máximo de cinco años en lo que a minería se refiere y de diez años en todos los procesos industriales.

A decir verdad, la creación de este marco jurídico debió haber venido de la mano de un marco social, la gente debe entender que se trata de una sustancia que provoca enormes daños ecológicos y que, como advierte Julio Morales Fierro, produce anomalías en el cerebro, los riñones y los testículos,  además puede generar inflamación en la piel, déficit en el desarrollo neurológico y de comportamiento; en suma, es  de una ingente peligrosidad.

No hay política minero ambiental seria y ni para qué hablar de los nuevos ministros de Minas y Energía, que podrán tener conciencia del desastre socioambiental que padece el país, pero que no son más que los títeres de un jefe de Estado que desesperado por aumentar los guarismos, pone en marcha un modelo económico que, hay que repetirlo, ejecuta minería en perjuicio del entorno natural. El desarrollo sostenible es una falacia, la misma Contraloría ha demostrado que donde hay minería (legal e ilegal) hay pobreza y miseria. Y naturalmente Santos, el presidente de la paz, se esfuerza en negarlo.

Pero retomando, la ausencia de los marcos sociales siempre ha sido un problema en Colombia (para qué las leyes donde no hay costumbres, dijo alguna vez Cicerón), por no ir más atrás, desde el gobierno de Misael Pastrana se vienen impulsando una serie de normas en función de proteger los recursos naturales y el medio ambiente, prueba de ello es  ley 23 de 1973, que establece prohibiciones y sanciones a quienes se atrevan a perjudicar la flora, la fauna, atmósfera o en suma el ecosistema; de igual forma está el Decreto 622 de 1977, por el cual se reglamenta los sistemas de Parques Nacionales Naturales (los mismos que hoy están amenazados por la mega minería), y de ahí en adelante se encuentran un sin número de decretos y leyes[1] que se olvidan y no se cumplen, lo más grave es que son marcos que, reitero, no se acompañan con una concientización social y por eso muchos de las personas que utilizan componentes químicos ignoran que a largo plazo es un mal causado por ellos mismos.

Quizá y esa pueda ser una de las causas por las cuales algunos mineros utilizan mercurio y cianuro, son inconsecuentes o ignoran que es un auto perjuicio, pero es que cómo reflexionar en medio del hambre,  a quién se le ocurre pensar que mañana no voy a tener con qué alimentarme si ni siquiera tengo como alimentarme hoy. No en vano Mauricio García Villegas hablaba en su columna de un estudio que determina que hay más de un 50 por ciento del territorio nacional que vive sin Estado.

Lo otro es que las compañías mineras no les gusta mucho la idea de que les erradiquen el uso de estas sustancias, en 2010 las transnacionales que operan en la Unión Europea hicieron lobby para que la Resolución del 5 de mayo de ese año, que prohibía el uso del cianuro en esta actividad, no fuera aprobada por el Parlamento.

No obstante, sí se aprobó, porque en esa parte del mundo hay más claridad sobre los efectos nocivos que produce el cianuro, en Turquía, por ejemplo, la minería con cianuro fue prohibida desde 1997, en Australia en el años 2000, en República Checa en el 2001, aquí a penas se crea una ley para el mercurio, pero el cianuro es igual de perjudicial: de hecho, se estima que una dosis de cianuro del tamaño de un grano de arroz puede causar la muerta a una persona.

Hace falta, entonces, una campaña en la que se demuestre lo peligroso que es el mercurio y el cianuro para  los seres vivos. Hace falta que la sociedad recapacite sobre el mundo que le está dejando a las futuras generaciones, hace falta un pensamiento consecuente, ecológico, hace falta que recapacitemos.

A ver, es obvio que esto no lo encabezarán las élites políticas y empresariales porque muchos de ellos tiene su sustento en ello; de tal forma, que es la sociedad (si acaso existe la sociedad, tema para otra columna) la que debe exigir una política medioambiental sólida y definir si quiere seguir teniendo minería en perjuicio del medio ambiente o medio ambiente en perjuicio de la forma como se está implementando la minería.

Por si acaso…

Los volúmenes 3 y 4 del libro “Minería en Colombia”, una publicación de la Contraloría General de la República, están de no perderse. Según Jorge Luis Garay en el texto subyace un modelo minero alternativo al que viene implementando el actual gobierno. Habrá entonces que leerlo.

 Por @VillanoJair



[1] En los artículos 67,  79 y  80 de la Constitución Política se habla de prevenir, mitigar, exigir la indemnización y sancionar penalmente los daños ambientales.

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