LA ENVIDIA ES MEJOR DESPERTARLA QUE SENTIRLA

LA ENVIDIA ES MEJOR DESPERTARLA QUE SENTIRLA

LAENVIDIA

Quién no ha codiciado la mujer del prójimo? A mí no me engañan, todos lo hemos hecho al menos una vez… al año. Y es que a todos nos gusta eharle el ojo a lo que no es nuestro. A lo largo de la historia humana este acto ha sido una constante: los grandes imperios han deseado lo de otros hasta llegar a la conquista. La envidia, como también se le conoce a ese deseo de lo ajeno, no siempre es tan mala como se ha creído. Resulta que ha sido motor para trazarnos objetivos, esforzarnos y mejorar aspectos de nuestra vida personal. Por ejemplo, cuando nos disponemos a cumplir nuestros propósitos de Año Nuevo, inundamos los gimnasios y nos asombramos con la fauna endémica tan bien torneada. Entonces deseamos tener el cuerpo del prójimo; es decir, tener un cuerpo como el del prójimo y sí, ¡tener todo su cuerpo junto al nuestro! Nos esforzamos un mes por nuestro objetivo pero al final siempre ganan las deliciosas hamburguesas, pizzas y demás enemigos de la talla 28.

También lo hacemos con el celular, cuando nuestro mejor amigo llega al restaurante y pone sobre la mesa, después de hacer check in en Foursquare, el smartphone más caro y más avanzado del mercado, mientras tú cargas uno con pantalla monocromática y ¡teclado! Lo siento mucho por los usuarios de Blackberry pero ningún teléfono que presuma ser inteligente hoy día, tiene teclado.

Otro caso típico es el primer día de clase, cuando todos llegan con la súper pinta para causar impacto: Mochila y cuadernos nuevos, al último grito de la moda; y entonces, alguien saca una tablet increíble para tomar notas, y todo lo demás pierde importancia. A nadie le interesa tus zapatos nuevos, esa blusa maravillosa o tu corte de cabello; la tablet se ha convertido en el centro de atención y su dueño, de pronto, hasta guapo se ve.

Alguien deseó la Galaxy de su prójimo y pidió a sus papás que le compraran una. Al principio las prohibían porque distraían y en muchas ocasiones desmentían a los profesores, porque los alumnos buscaban en Internet la info y resultaba que lo dicho por el profe en muchas ocasiones no era verdad. Al final tuvieron que encontrarse y crearse fines educativos para sacarle provecho. Moraleja: la envidia impulsó la inclusión de las tecnologías en la educación.

Lo cierto es que siempre veremos más verde el pasto del vecino y aunque muchas veces no haya razón para tal deseo, solemos creer que el otro tiene algo que debería estar en nuestras manos. Para muchos, por el contrario, el deseo de la pareja del prójimo, por ejemplo, es una especie de reconocimiento; hay quienes echan a volar la imaginación y aplauden lo bien que la debe pasar aquel con semejante belleza que le acompaña. Para otros, por ver no se paga, todavía, y como dicen en México: “no tiene nada de malo echarse un taco de ojo”… aunque el taco, termine por comérselo el prójimo.

Por Charlie López

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