#Columna: La melancolía del desamor

#Columna: La melancolía del desamor

#Columna: La melancolía del desamor

Muchos de nosotros, alguna vez soñamos con encontrar el amor, o en su defecto, que el amor nos encuentre.

La lluvia cae, y por los vidrios del lugar, se ve la gente huyendo, no sé si de la lluvia, o del caos que es el vida real.  Delante de mí, dos tazas de café en la mesita, y de estas, sale una nube de humo que me guía a sus ojos, aquellos ojos que contrastan con los míos.

De nuevo miro la calle, ahora está vacía, las personas se han ido; en estos momentos, sólo se escuchan las gotas caer, junto a mi respiración alterada. Siento su presencia y sus ojos posarse en mí. Mis latidos saltan de mi blusa, quiero salir corriendo del lugar, siempre soñé con este momento, pero no creí verlo tan pronto.

Lo miro y me encuentro con su sonrisa despampanante, sonrío igual, porque su presencia me alegra el alma.

No he dejado de pensar en ti, aún me haces falta, el tiempo no ha hecho que mi amor por ti se desvanezca me dice.

Entonces esas palabras retumban mis oídos y me dejan atónita… parpadeo, y cuando vuelvo a abrir los ojos, lo veo acercarse, acercarse tanto que llega a mis labios.  Me sumerjo en él, en su sabor, y llegan recuerdos a mi mente del pasado.

Suena un timbre que me aturde, así que abro los ojos y está oscuro, parece que fuera de noche, sigue sonando ese ruido, miro al hacia el lado derecho y veo que es mi celular, son las 5:30 de la madrugada, y este, es el tono de mi alarma.  Otra vez, de vuelta a la realidad.

***

Todos en algún momento de nuestra existencia, vivimos la melancolía del desamor, unos más que otros, hombres y mujeres de distintas maneras. En este caso, desde una posición femenina; y es que dicen que las mujeres somos más sensibles, más apegadas, más apasionadas, más propensas a enamorarnos y entregarlo todo sin medidas. Hipótesis hay muchas, lo cierto es que en un momento específico, no somos capaces de separarnos psicológicamente de esa pareja que dejó huella en nuestra vida.

Es entonces cuando comienza todo un proceso de transición mental, anímica e identitaria, para concebir la separación. Ya que al terminar una relación amorosa, no sólo se rompe una situación sentimental, sino también una situación de identidad, porque ya has formado y acoplado parte de tu vida a un funcionamiento y compenetración de dos personalidades, que forman una identidad que los asimila a ambos, y que los guía en una sola dirección. Por esta razón, terminar una relación es en cierto sentido comenzar de nuevo a vivir, a gatear, porque igual que un bebé, se debe construir -o en este caso, reconstruir- la percepción sobre sí mismo, a sabiendas de que esa persona, ya no será la protagonista de tu historia.

En este sentido comienza un proceso de 3 etapas. 

La primera etapa es la más fuerte de sobrellevar, y la que lleva a la depresión momentánea que pareciera infinita en ese instante. Es el momento de aceptación, de que existe una separación que ya se dio. Así que en este caso, la mujer se cuestiona todo el tiempo qué sucedió; es un proceso de responder preguntas y buscar la verdad. Entonces te sientes aturdida, no sabes si fuiste suficiente para esa persona y comienzas a reprocharlo todo.

En la segunda etapa se da inicio a la reconstrucción. Ya has aceptado que es un hecho la ruptura, y aunque te siga doliendo, sabes que tienes que seguir adelante y formar una vida sola. Es el momento de la soltería, de disfrutarla, por lo que comienzas a darte cuenta que esa depresión puede ser sustituida por felicidad. Te comienzas a valorar, a sentir que vales como persona independiente, así que sientes que no necesitas de una pareja para ser tu mejor versión. Sales, conoces, y disfrutas de otras compañías.

La tercera etapa es la más compleja, porque ya te has acostumbrado a esta nueva vida, sin embargo, sientes que te falta algo, que conoces y conoces personas que no llenan tus expectativas.

Deseas dar comienzo a una nueva relación, pero resulta que llegan y llegan personas que si bien te dejan un aprendizaje, no logran calar con el tipo de persona que eres, y con el tipo de persona que quieres en tu vida. Sientes que no quieres perder más el tiempo, por ende, comienzas a comparar; vuelves a pensar en esa persona que dejaste en el pasado, y esta vuelve a ser parte de tu presente momentáneamente. Sueñas nuevamente con esa persona, porque consideras que es la única que te complementa sentimental y emocionalmente. Vuelves a recordar y a husmear a esa persona. Sabes que todo le va bien, incluso ya rehízo su vida amorosa y comienza la frustración a invadirte, no porque no te alegres por tu ex pareja, sino porque no logras rehacer la tuya.

Ves que el tiempo pasa, días, meses, años, y no llega la persona indicada. Hasta tu familia y círculo social te comienzan a preguntar por una nueva pareja y no sabes qué decir, porque no encuentras “tu media naranja”, así que optas por decir que no necesitas de una pareja para ser feliz.

Comienza la nostalgia del desamor, un proceso que nunca pasará de moda, porque todas las personas pasamos por lo mismo, unos más rápidos que otras, pero algún día llegará el momento en que salgas de esta. Lo mejor es vivir los momentos y las experiencias, porque todo, absolutamente todo, siempre tiene un propósito, y cada persona vive y aprende de estos. Así que como dice la reconocida cantante colombiana, Shakira “Después de la tormenta sale el sol”

 

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