La moda sí incomoda: Jamás tengan el dinero colgado en su armario

La moda sí incomoda: Jamás tengan el dinero colgado en su armario

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Carrie Bradshaw quizás pudo darle el peor consejo financiero a las mujeres de su generación al decir una frase que quedó como comodín de toda futura adicta a las compras: “prefiero ver mi dinero colgando en mi armario”.

Esa mujer, a la que veíamos en ‘Sex and the City’ gastar hasta 500 dólares en un par de zapatos Manolo Blanhik, comía solo comida china grasosa, e incluso  llegó a irse en autobús por su amor a las compras. De esta manera, nos mostró que tenía un desastroso sentido del ahorro.

Pero así como ella, hay muchas quequizás no puedan  comprar Manolos, pero sí se mueren por tener el nuevo bolso que quizás vieron en ASOS, o por usar el labial de ProenzaSchoulerque lanzó MAC. Mujeres que se mueren por cada capricho de la  moda, y que serían todo un caso de estudio para el más avezado gurú económico, pero que viven —como se dice vulgarmente—“saltando matones” con sus tarjetas y sus cuentas.

Yo soy una de ellas.

Desde que gano dinero, no he podido parar: Tengo una colección inmensa de labiales, desde el chino de 3 mil pesos hasta el de Yves Saint Laurent de 80 mil. Adoro comprar por Internet, y cada vez que se aprueba una orden para comprar una nueva prenda que no necesito, me arrepiento de haber sacado una tarjeta de crédito. Me gusta estar mirando constantemente las revistas, para ver qué tendencias o qué prendas me robarán literalmente el aliento. Y en Sephora y Zara pierdo el control, sin vuelta atrás.

Eso sí, el resto del mes es un gran sufrimiento para mí.

No soy una de esas estereotípicas “locas de la moda”, como esos japoneses que coleccionan todos los vestidos de Dries Van Noten o muchas cosas de Nike. Tampoco me pongo todas las tendencias encima. Pero la amo tanto, que al ver algo sublime, bello—y de por sí efímero— deseo tenerlo, porque amo ser creativa, amo cambiar y jugar con mi apariencia, sin importar nada más.

Para mí la moda es como el Anillo para Gollum y como tal la considero “mi preciosa”. Pero como la pobre criatura, esto me consume, literalmente. Sobre todo al ver mis facturas y darme cuenta de que sigo siendo una quinceañera con cuenta bancaria.

Sé muy bien que no necesito esa chaqueta porque tengo otras seis, sé que no necesito esos sneakers porque tengo dos pares, sé que no necesito ese vestido negro porque tengo diez. Me digo siempre “es la última vez”, pero nunca lo es. Soy una adicta a las compras, pero a diferencia del personaje de Isla Fisher en la famosa película ‘Loca por las Compras’, no tengo a nadie que me salve de mí misma, y a veces hasta he pasado penurias mientras me visto “regio”. Todo un prodigio, ¿no?

Yo hago parte de esas nuevas víctimas de la moda. No somos esas caricaturas que se ponen todo lo que está de moda solo porque lo está. Somos informadas, ávidas de originalidad y exclusividad.Vemos en la moda una forma de expresarnos, pero no lo que pasa a nuestro alrededor. Y como Carrie, solo podemos ver a través de nuestro armario un dinero que simplemente, se esfuma entre nuestras bolsas de compras. Una historia sin fin, que quizás sólo se remedie cuando ya no veamos nada en nuestra alacena y sí muchas cuentas por pagar que ese nuevo vestido no pagará.

Autor: Luz Lancheros

Twitter: @LuxAndLan

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