Madre Laura, ¡No más camisetas de la Selección!

Madre Laura, ¡No más camisetas de la Selección!

Madre Santa Laura

Madre Santa Laura

Por: Dan Gamboa
@larepuvlica

Últimamente me ha tocado padecer esa injuria visual que representa el chauvinismo exacerbado. Siempre he pensado que el patriotismo es peligroso cuando se profesa en exceso pero también creía que mientras nadie tomara las armas o las malas palabras, podría convivir con él. Ahora este ha traspasado las fronteras de adversidad romántica por la moda y la verdad resulta insoportable la situación.

Desde que tengo uso de memoria cuando jugaba la selección Colombia sólo unos pocos valientes (los mismos que hoy montan caballo tomando café), usaban la camiseta tricolor para ir al trabajo. Aquellas eran otras épocas donde se prestaban como mártires de un equipo de fútbol que era solo la burla del recuerdo de aquella selección noventera y vicegloriosa. No fue hace mucho claro, habían pocos pero existían los hinchas de los fracasos. No se sí recuerden los noventa, aquel momento histórico donde nuestro país quedaba de segundo en todo como Carolina Cruz o Paola Turbay. A pesar de la narcofama, había que lucir con orgullo los triunfos de virreinato a los que estamos acostumbrados: si señores, este país desde que llegaron los españoles siempre ha sido un virreinato y por eso nos alegramos cuando quedamos segundos en algo.

Ahora la selección ya no es la casa de burlas que era hace un par de años. La gente arribista ha vuelto a contemplar con amor el harapo amarillo y ha dejado en el clóset las franelas de Argentina o Brasil porque ya no son tan “play” para apoyar. Los niños dejaron de peluquearse el asqueroso bigote de Nicolás Maduro que lucía Ronaldo hace cinco años y han optado por plancharse el pelo y usar keratina como Falcao, la nueva imagen de Tru Ceramic Pro. Pékerman despierta más devoción que la Madre Laura o el olvidado Padre Marianito y los bares de la ciudad se llenan de empedernidos capaces de olvidarse del trabajo con tan sólo poder degustar la gloria de la camiseta.

Yo los entiendo, a mi me encantaba el “jean-day” del colegio, pero es momento de recapacitar y acordarnos que la camiseta de la selección solo sirve para tres cosas:

1.Jugar fútbol.

2. Souvenir de turista.

3. Chicas Águila.

Piense en eso antes de salir al trabajo. Mire su clóset y pregúntese si su nombre es Macnelly o si tiene las tetas de la exclusiva selección prepagada de Colombia Next Top Model; también piense en que no tiene sentido usar la camiseta si estará pegado a Excel y por culpa de eso no verá el partido. En ese momento piense en su país que tanto dice amar, en esa Colombia subdesarrollada que necesita generar más horas-hombre y analice que con tal elección de vestimenta laboral, muchos de sus compañeros de trabajo quedarán ciegos. Es por culpa de esa sátrapa de zambos que necesitan (porque ojo, ser patriota aquí es una necesidad) destacarse entre el mar de no-hinchas, apátridas y mamertos, que los días de fútbol son improductivos por andar pensando en la polla o por dejar mareados al resto de la empresa productiva con ese carnaval de guacamayas amarillas.

Ahora cada vez que juega la selección las calles parecen una convención del Polo Democrático o una junta sindical de taxistas pero estoy seguro que si la selección pierde, muchos dejaran la camisa guardada en el clóset tal y como guardaron los guantes de Béisbol cuando la fiebre de Rentería desapareció o los registros bautismales de “Juan Pablo” cuando aquél el vendedor de BonFlan salió de la Fórmula 1 para ser agasajo de rednecks en la Nascar. Si apoya a la selección, que sea por convicción y no por moda porque de moda ya sabemos que no sabemos ni mierda.

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