Materialismo 2013

Materialismo 2013

Javier Perdomo

Javier Perdomo

El trueque de las cosas “innecesarias”

Hablemos de materialismo, pero no del materialismo estilo “cuánto tienes, cuánto vales”, que reza el tango aquél de siempre. Hablemos del materialismo tal y como lo conocemos hoy en día. El que se camufla día a día en nuestras decisiones de compra de bienes y servicios.

Hace algunos días que estuve convaleciente y decidí pasar el tiempo leyendo revistas. Entre las que estaban al alcance de mi mano tuve la más importante sobre carros en Colombia… sí exactamente esa. Pasando páginas me encontré una publicidad con la imagen de una pareja sonriente que estaba encabezada por la pregunta: “Usted cuánto se gasta en cosas innecesarias?”
–por supuesto sin el signo inicial de interrogación, porque el estilo de escritura WhatsApp es rey… yeah enjoy it!–.

En la imagen, la pareja está en medio de dibujos que hacen referencia a las cosas innecesarias en las que uno puede llegar a gastarse la plata, según los publicistas autores de tal anuncio. Entre otras cosas, hay un oso de peluche, un paquete de crispetas de cine, una camilla bronceadora y dos tazas de café entrelazadas.

La seguidilla de estos dibujos termina básicamente en la foto de la pareja feliz y luego la foto de uno de los carros más ofertados en el mercado. Al lado del automóvil aparece un cuadro de cotización que compara el crédito normal al que se debe aplicar versus la opción de pagos con el plan de la marca… sí, ese plan. Al final de todo, aparece para rematar una frase que dice “Sabía que con parte de lo que se gasta en cosas innecesarias pagaría la cuota de su YYYY Con XXX plan?”.

Cuando yo vi semejante propuesta, me quedé pensando: ¿será verdaderamente una cosa innecesaria para uno, comprarle un detalle de regalo a la novia o al novio, como podría serlo el oso de peluche? ¿Será algo completamente irrelevante perderse el estreno de la película favorita en cine, con combo y todo? ¿Será que tomar vacaciones en un lugar de playa es algo que nada qué ver? ¿Será que irse a tomar un café con el mejor amigo o amiga es un cliché que a estas alturas del partido está “out”? ¿Prescindir de todas esas experiencias de vida para Tener el dinero, para pagar el XXXplan y hacerse al carro? Es decir, prácticamente ni comerse un cholado –absolutamente innecesario y trivial– por ahorrar no sé cuántos miles para pagar las cuotas de una cosa a la que se le deben pagar impuestos, matrícula, seguros, gasolina… y lo mejor para el concesionario, mantenimiento. Esto sin hablar del 40% de valor que pierde, en
promedio, dentro del primer año de uso.

Y aquí no quiero ser hipócrita, yo tengo un carro y me gusta, me gusta porque salgo los fines de semana a disfrutar de las entrecortadas carreteras del país y a cambiar la trocha urbana por la rural. Me mantiene a salvo de los choferes “rápidos y furiosos”, de nuestro transporte público. Pero si para tenerlo hubiera tenido que sacrifi car mis salidas a cine o los detalles para presentar credenciales a bellas damiselas o paseos con amigos que nunca se olvidan; pues creo que hubiera seguido en los Mercedez y Volvos de 60 ventanas.

En uno de sus conciertos, Facundo Cabral dijo: “no midas el costo de las cosas que tienes por lo que pagaste por ellas, mídelo por lo que sacrifi caste para conseguirlas y es así que sabrás cuánto valen”.

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