Mentiras Despiadadas, el verdadero pecado original

Mentiras Despiadadas, el verdadero pecado original

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Quién habrá dicho la primera mentira? ¿Un hombre o una mujer? Habrá sido el macho con alguna estupidez como: “Ay mi amor, no estás gorda, es que después de los 25 el metabolismo cambia radicalmente”; O en el caso de las féminas: “Tranquilo baby, el tamaño no importa, el sexo no lo es todo en una relación”. Es por eso que no estamos hablando hoy de mentiras piadosas, sino, de mentiras despiadadas: esas que siempre empeoran la situación y que de una u otra forma te hacen quedar como una chancleta sucia y ordinaria, —más ordinaria que servir whiskey en vaso de mermelada reciclado, yo lo he hecho—; ya que al fin y al cabo, son mentiras igualmente.

La verdad, hoy en día, no soy de andar diciendo mentiras. Ni piadosas, ni de las que algunas personas te escupen en la cara (mientras el párpado del ojo izquierdo les tiembla como si fueran un chihuahua en un carro de bomberos). A mí siempre me ha encantado decir las cosas como son, claras y de frente. Porque hay casos en los que uno tiene que tomar decisiones, por ejemplo, como en las relaciones afectivas, donde una de cada tres afirmaciones son mentiras piadosas. #4example: “Mi amor, no es que no quiera ir a comer a casa de tus tías, es que tu sabes que soy alérgico a sus gatos”. A diferencia de las mentiras piadosas, las mentiras despiadadas son idioteces que uno se inventa en una milésima de segundo y que inevitablemente conllevan a la realización de clavados profesionales en una piscina olímpica de excremento. (Lo peor del caso es que uno se da cuenta que la cagó, literalmente, 12 horas después).

Existen otros casos donde la situación se complica y tenemos que tomar medidas drásticas. #4example: Si su novia le pregunta: “Chiquito, ¿Será que para tu fiesta de grado debo usar mis chanclas de brillantes naranja o las de incrustaciones de mariposas amazónicas?” Uno sabe que cualquier tipo de chancla calentana debe ser evadida en todo momento de la vida y más aún en un evento de alcurnia. Así que uno, actuando testicularmente, dice: “Uy mi vida, realmente creo que las chanclitas de coco toca dejarlas para la playa. Además las fotos que nos van a tomar serán en planos cerrados, así que mejor ponte tacones para que quedemos más o menos de la misma estatura”. ¿Ven? Mentiras estúpidas, envueltas en más mentiras, y finalmente usted, (sin querer queriendo), termina infiriendo que su novia es un maldito Oompa Loompa, al lado de Charlie y la fábrica de choco-hijodesumadre.

Así que para terminar y no quitarles más de su preciado tiempo, —el cual deberían estar utilizando para producir billete para su amado jefe, o en su defecto haciendo la tarea para su estimadísimo profesor de trigonometría en vez de estar mariqueando en Facebook, dando likes y poniendo comentarios rebosantes de buena ortografía—; les dejo una moraleja basura: “Si se va a poner a decir mentiras, piénselo dos veces, pues es preferible decir la verdad y que duela como un hijodepíldora unos meses, a terminar con la cabeza revuelta durante años por frases clásicas, históricas y cliché como: “Es que… no eres tu, soy yo”. —Mentiras despiadadas—.

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