“Para qué vivir tanto, si estar vivo no es la vida “

“Para qué vivir tanto, si estar vivo no es la vida “

El impactante documental Estar vivo no es la vida de la joven directora antioqueña María Milena Zuluaga tiene como objetivo conmemorar los veinticinco años del estreno de la película Rodrigo D. No futuro de Víctor Gaviria, donde se muestra la generación  de jóvenes en la Medellín de los años 80´s  que le tenía más miedo a envejecer que a morir.

Sobrecogedor resulta el hecho de que luego de un cuarto de siglo, la mayoría de los protagonistas de la película, que le otorgó la gloria al ahora actor Ramiro Meneses, hayan logrado cumplir su objetivo de alcanzar una muerte joven.

Como asegura una de las madres que tuvo que enterrar a dos de sus hijos y a cuatro de sus sobrinos: “La muerte se apoderó de este lugar. Ellos eran unos jóvenes enloquecidos por adquirir dinero sin esfuerzo, jóvenes que no querían vivir ni confiaban en el futuro. Definitivamente, todos murieron en su ley”.

Este documental con un montaje multi-formato que también retoma escenas del trabajo de Víctor Gaviria en Yo te tumbo, tú me tumbas  busca plasmar la desesperanza de una generación que según los pocos sobrevivientes “compartió muy poco con su familia pero vivió mucho, porque todos eran consientes de que no tenían futuro ni ningún lugar a dónde ir”.

Y aunque el trabajo documental de Zuluaga termina con un epílogo esperanzador donde se muestra el   programa de las madres comunitarias “Núcleo de vida” donde las ellas, que perdieron a sus hijos en hechos violentos, se encargan de brindarles a los niños de hoy que son “el futuro del mañana”, una educación basada en valores, convivencia ciudadana y respeto por sí mismo y los demás.

Sin embargo, la frase lapidaria de una de las víctimas concluye que “esta situación no va a cambiar, porque la violencia va a continuar por siempre” nos invita a reflexionar sobre si es posible romper los círculos de guerra de nuestro país y nos demuestra que este documental significa un ejercicio doloroso de volver al pasado, revivir el sufrimiento de los que perdieron a sus seres amados y descubrir que, veinticinco años después, el panorama para nuestros jóvenes, tristemente, no es diferente al plasmado en la película Rodrigo D. No futuro 

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