Peleando con la Báscula, ¿quién no prometió bajar de peso y engordó en el intento?

Peleando con la Báscula, ¿quién no prometió bajar de peso y engordó en el intento?

PELEANDO-CON-BASCULA

Seguramente muchos de nosotros mientras nos estábamos embutiendo las 12 uvas el 31 de diciembre pensamos en las cosas que quisiéramos para el nuevo año que comienza. De por sí es engorroso pensar en un deseo por uva y a la vez estar respirando, mover las manos, masticar y tragar, sin contar con el esfuerzo sobrehumano para no ahogarnos mientras en la casa todos están haciendo la cuenta regresiva. Ahora súmenle lo tedioso de la situación mientras que por cada uva pedimos un deseo diferente. “Que este año consiga pareja”, “Que me gradúe”, “Que haya plata”, “Que”, “Que”, “Que”. Siempre pedimos lo mismo, pero al terminar el año miramos hacia atrás y nos damos cuenta de nuestra física pereza.

Por ejemplo soy de los que prometo a mí mismo mantenerme en un peso estable, pero lamentablemente soy débil. Invíteme a comer algo pecaminosamente delicioso y lo confirma. Sí, me encanta comer -soy gordo, pero no ruedo al salir de mi casa, ojo- y lo que más desearía tener es un metabolismo acelerado para no ser como un yoyo que sube y baja.

Cada vez que me miro al espejo pienso: “este año sí bajaré, sí bajaré, pero no quiero ser un ñero flaco”.

Dicen que los 12 primeros días de enero son un reflejo de cómo serán los 12 meses siguientes y, si este adagio es cierto, creo que siempre empiezo mal. El primero de enero, por ejemplo, mi almuerzo y cena se componen de ensaladas frías, embutidos, arroces y postres, es decir, que enero es el mes de la abundancia alimenticia y el causante de que tachemos de la lista de propósitos el hecho de adelgazar. Los días siguientes, hasta antes de los Reyes Magos todo se basa en invitaciones a donde algún familiar lejano y ¡Oh sorpresa! hay más comida. Está bien, no me quejo, todo eso significa que comeré rico hasta mitad de año.

Por fin después de las francachelas decembrinas y de haber visto una foto mía de hace dos años y medio, -cuando era un flaquito sabroso- me da por hacer ejercicio. Me digo a mí mismo que adelgazar le haría bien a mi salud, pero la oscura verdad es que quiero deshacerme de tanta carne para verme cool sin camisa. Entonces inicio la rutina el 8 de enero. Dejo de comer en las noches. Empiezo a comer granola para contrarrestar la ansiedad. Compro aquella famosa malteada que remplaza una comida. Me corto el cabello y pago la membresía del gimnasio. Ansío que sean las seis de la tarde para irme a trotar. Pero el tiempo pasa y poco a poco me voy olvidando de todo por culpa de las amnésicas pero deliciosas hamburguesas que venden en la esquina de mi casa.

Así progresivamente, entiendo que al final es mi culpa, que mis deseos de las 12 uvas no se hagan realidad por mi poca fuerza de voluntad, pero ¿qué puedo hacer si tengo una mamá que cocina tan rico?

ILUSTRACION-PELEANDO-BASCULA

Comments

comments