¡QUÉ MAMERA LA NAVIDAD!

¡QUÉ MAMERA LA NAVIDAD!

Qué mamera la navidad

Qué mamera la navidad – Archivo El Clavo

Llegó navidad y con ella un ataque de amor y cariño que sólo se ve una vez al año y que todos sabemos que es por mero interés, aunque también tienen algo que ver los mensajes

subliminales de los villancicos. Muchos la usan como excusa para pedir regalos y otros para enmendar sus malas acciones regalando medias por separado cuando venían en una paca de 3 pares por $10 mil pesos.

Les llega la familia de alrededor del país y las incomodidades se empiezan a hacer notorias porque en una casa de 3 cuartos toca acomodar a 10 personas y entonces la privacidad pasa a segundo plano. El uso del baño se vuelve un privilegio que dura poco por persona con el fin de que todos puedan entrar y con ansias esperarán que acabe el año para que con él también acabe la estadía de la visita en el hogar. No en vano dicen que el muerto y el arrimado a los 3 días huelen a m… A feo.

En el barrio se empiezan las novenas, y si ustedes son como yo, no leerán porque les da pena y pereza y sólo asistirán para probar la natilla y los buñuelos del vecino, que casi nunca compran de la marca buena y terminan repartiendo natilla de maíz y buñuelos preparados 5 horas antes que asesinan lentamente por la agriera que dan.

Arreglar la casa con las decoraciones navideñas es un trabajo tedioso y sucio. El árbol siempre está lleno de polvo a pesar de que estuvo cuidadosamente empacado en plástico y una caja de cartón, las luces nunca funcionan bien y toda bombillo por bombillo buscar el fundido, las ovejas en el pesebre se caen  los reyes magos son significativamente más grandes que las casas.

Los primeros días son normales ya que no hay acontecimientos relativos a la fecha a excepción del día de las velitas, donde el vecino ordinario sale con camisilla blanca enroscada sobre la barriga y tira petacas a diestra y siniestra, lo que no tiene nada que ver con la tradición de encenderle velitas a la virgen pero yo prefiero pensar que lo hace para que la virgen deje de mirarnos a nosotros y de un brinco le preste atención a él a ver si lo ilumina y lo hace perder la panza, vestirse bien, callarle a la suegra y darle una esposa más presentable.

Aunque la cena del 24 es respetable en todos los casos y cada quien come lo que se le antoja y el bolsillo le permite, debo decirles, con toda la vergüenza del caso que la lechona y los tamales se pueden comer cualquier domingo de la semana. El arroz con pollo se lo dejamos para los quinces de las clases menos privilegiadas mientras que los “aristócratas” los dan como comida de fin de año a los empleados de sus empresas. El sancocho hace parte del menú del caleño al menos un día al mes y las empanadas se comen cuando no quedó lo del almuerzo para hacer calentado. ¡Gente! Que para mí en estas fechas se come pavo y pernil, arroz con almendras y focaccia de salami con salsa napolitana, no un pollo en salsa bechamel (salsa blanca para que me entiendan) que lo brindan en los casinos todos los días y que me sabe a sopa instantánea.

Llegaron las 12 de la noche y empezamos con la repartición de los regalos. Como ya mencioné siempre hay medias, a los abuelos les dan pañuelos y a las abuelas un kit de crema para manos, splash con brillantina y talcos suaves de “Victoria’s Secret”.

A muchos los imagino emocionados porque esperan recibir o recibirán un iPhone 5C, la versión económica de Apple, pero que acá en el tercer mundo, aunque mantiene su horrible fachada plástica, tiene el valor de un teléfono de alta gama. Sin embargo ustedes son felices cambiando de celular cada mes con el fin de aparentar públicamente que el que tienen ahora tiene una aplicación que les permite tomar fotos de gatos y colocarles marcos de estrellitas.

Los niños pedirán una consola y las niñas una muñeca gorda (yo las llamo “muñecas repollo”) Que habla en 5 idiomas, abre y cierra los ojos y hace popó con 5 consistencias distintas. Cuando le da hambre, llora, cuando tiene sueño, llora, cuando tiene un gas, llora, cuando le duele algo, llora, cuando no la cargan, llora y cuando llora, llora.

Y los papás son los pobres explotados a los que ustedes, seres mal agradecidos, agradecerán el gasto que tuvieron regalándoles una botella de vino de Manzana y un caimán de catálogo para el pelo que cambia al contacto con la luz del sol.

 

Sección: Destacados Web

Autor: Yamil Chuaire

Twitter: @JameelSchuaire

 

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