Rubén Mendoza: Talento en la Gran Pantalla

Rubén Mendoza: Talento en la Gran Pantalla

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Escribe y dirige cine. Rodó Memorias del Calavero, La Cerca, y su ópera prima La Sociedad del Semáforo entre otras. Ha participado en diferentes producciones nacionales en el papel de editor y productor como La Desazón Suprema: Retrato Incesante de Fernando Vallejo y las producciones de Luis Ospina. Regresa a la escena nacional de la mano de Tierra en la Lengua, un largometraje que refleja parte de la personalidad de su abuelo.

¿Cómo ha sido la vida después de La Sociedad del Semáforo?

En muchos sentidos igual y otros diferentes. Igual porque ‘El Semáforo’ era una etapa, si hubiera hecho otra y ahora estuviera en la ‘sociedad’ pues estaría en eso. Me aseguro de que el proyecto cinematográfico me garantice 4ó5 años de aventuras maravillosas. Después del ‘semáforo’ hice ‘Tierra en La Lengua’ que la había escrito mucho antes que esta. La primera versión fue una película que eché completamente a la basura y el guion renació con la beca del Festival de Cannes.

¿Qué busca en los personajes que escribes?

Nunca he pensado que escribo ‘buscando’. Más bien yo escribo encontrando. Casi que es pegar la oreja al corazón. Esto por aquí y por acá y seguir comprobando con ensayos. Yo considero el cine una sola escritura. Y esto me lo repito a diario y ya lo he dicho hasta la saciedad pero ‘‘el que dice la verdad, se repite’’ —como dice Antonio Caballero—. Uno escribe primero en la mente, rescribe en ella y después se cambia de soporte; pasa al papel y al artificio de la palabra.

¿Sí ha servido la Ley del Cine?

Seguro. Una cosa que sí es cierta, es que se está haciendo mucho más. Lo que es poco para los que todavía confunden ‘una buena película’ con ‘una película bien hecha’, porque son dos cosas totalmente distintas. Entonces ya hay muchos virtuosos de la técnica, en todos los sentidos, pero todavía el sentimiento es escaso. No en todas, ni lo estoy diciendo como si yo sí lo hiciera. De pronto uno no sabe cuándo está haciendo una mala película. Aunque también hay más rigor y por otro lado hay más posibilidades a medida que la tecnología aterrizó en nuestras manos para poder hacer, sin arriesgar tanto.

¿Alguna vez tendremos una industria?

No sé si eso sea tan relevante. Prefiero que haya autores a que haya industria. Yo pienso que lo mejor es que haya autores; una variedad de miradas, canales para distinguir esas miradas y ojalá que haya retorno.

¿Cómo acercar a la gente del común a que consuma una alternativa diferente de cine?

Es que yo soy muy malo para poner trampas porque en el fondo uno tendría que trampear a alguien para decirle que va a ver algo que no va a ver. Pienso que hay un error en el discurso en quienes quieren que sus obras se vuelvan masivas y es que piden ‘el favor’. Yo odio que digan ‘apoyemos el cine nacional’. Uno no lee los libros ni ve las películas por apoyarlos. Lo que hay que hacer, —y yo trato en las piezas publicitarias de mis trabajos, incluidas postales y trailers—es que el poder mismo de la obra herede algo de interés a cualquiera.

¿A quién o a qué le daría clavo?

A mi cámara. Porque ahí libero la peor o la mejor acepción del clavo.

 

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