Sé una Barbie Girl

Sé una Barbie Girl

Autor: Alejandro Maldonado

“No tenemos una gran guerra en nuestra generación, o una gran depresión, pero a la vez sí las tenemos; tenemos una gran guerra de espíritu. Tenemos una gran revolución contra la cultura. La gran depresión son nuestras vidas. Tenemos una depresión espiritual.

Tenemos que mostrarles a estos hombres y mujeres la libertad, esclavizándolos, y mostrarles el coraje al aterrorizarlos.”

-Fight Club, Chuck Palahniuk

El protagonista del Club de la Pelea es un tipo normal. Tiene un trabajo al cual se presenta puntualmente, un apartamento promedio lleno de muebles de diseñador y arte ingenioso, y un deseo latente de morir. En pocas palabras, se encuentra atrapado en un sistema que nunca tuvo la opción de elegir. Cuando su apartamento explota por una falla de gas, no tiene otra opción que empezar desde cero.

 “Sólo cuándo perdemos todo, somos libres para hacer cualquier cosa”, termina pensando. Es entonces cuando el protagonista se atreve y comienza a hacer todo aquello que antes no hubiera podido debido a sus miedos.

Uso esto a modo de fábula, porque, ¿No es el hombre moderno un manojo de miedos, prejuicios y estigmas caminantes? Todo el tiempo estamos adheridos a modelos de pensamiento que no son necesariamente afines a los nuestros. Yo creo que no hace falta que nuestra casa explote y perdamos todo para darnos cuenta que podemos hacer lo que queramos con nuestras vidas. Y, aunque suene a slogan de Barbie trillado: podemos ser quien queramos ser.

No hay nada que empodere más que saber esto, que podemos ser quien queramos. Puede sonar muy obvio, especialmente ahora que la esclavitud es ilegal, y que las monarquías han dejado de tronar sus dedos para manejar el pueblo a su antojo, pero ¿Somos en realidad conscientes de esto? Al menos yo me demoré bastante en darme cuenta, pero, tan pronto la idea pasó por mi mente, fue como si me cayera un rayo encima. Me liberé de las mentiras –que nos decimos a nosotros mismos y a otros-, me liberé de tener que juntarme con gente que en realidad no me caía bien, de todo lo que los medios querían embutirme para que siguiera un modelo ideal de vida, y me embargó lo que llamé un “hambre de estar vivo”. Esto no es más que querer tener experiencias, aprender, equivocarse, etc. Porque al fin y al cabo vivir la vida confinada a una jaula invisible termina haciendo que la infelicidad ser germine.

Así que le comparto al lector aquello que me demoré tanto en descubrir, esperando que él no haya desperdiciado tanto tiempo como yo, y que su “hambre de estar vivo” no se amilane ante los retos cotidianos, sino que se engrandezca y provea un impulso vibrante de vitalidad.

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