¿Y las princesas?

¿Y las princesas?

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Atrás los moralismos, después de sobrevivir a supersticiones de “El fin del mundo”, “El nuevo siglo”, “El 666”, poco es el juicio que queda  para juzgar la irreverencia de esta generación. Con cada superstición, el afán por vivir al máximo y experimentar todo con todo y todos con todos se hizo presente. El tiempo corre y las cosas cambian, lo que pensaban las abuelas se quedó bajo las enaguas que usaban. Al parecer entre menos ropa menos moral. Nos portamos mal con dignidad.

Las princesas de vestido largo y castidad hasta el matrimonio se quedaron en el pasado. De esas princesas no se encuentra ni la sobra. Vivir para ser madre y esposa, es una idea que cada vez está más lejos del pensamiento de las nuevas princesas; las mujeres no están hechas solo para parir, la vida está hecha para gozar. La idea absurda de generaciones pasadas acerca de los “deberes” de la mujer, ha quedado pisoteada por las nuevas generaciones;  depender económicamente de un hombre es tan escaso como vergonzoso. Eso de pasar la vida siendo una sirvienta sin paga ¡Se acabó! Las princesitas que pensaban en lavar, planchar y atender a su marido se han extinguido.   Hoy, esas princesas están tatuadas, salen de fiesta y se besan entre ellas.

Dicen que nada es mejor que hacer el amor con los dedos. No me consta, pero la idea de sentir placer sin temor a embarazarse suena bien. Las princesitas de este siglo lo que menos buscan es ataduras, pero están urgidas de placer y locura. El cuento de hadas del príncipe azul y la princesa pura y casta, ha cambiado de rumbo. Ahora entre princesas viven sus propios cuentos, ni con hadas ni con príncipes; entre licor, música y excesos se desarrollan las nuevas historias. Y aunque las llamo princesas, estas mujeres lo que menos quieren ser es eso. No digo que ahora todas las mujeres sean así, todavía existen princesas heterosexuales, como yo, pero tan liberales como las que se besan entre sí.

Poco a poco se ha extinguido la cohibición de placer, aquello de esperar al matrimonio para tener un orgasmo, se acabó. Ahora, con un tanto de irresponsabilidad en muchas ocasiones, al terminar una fiesta la siguiente parada es un motel. Fácilmente, en una noche de tragos es común encontrar mujeres repartiendo besos por doquier, cosa que se he vuelto “cotidiana” para la sociedad joven.

La liberación femenina y el goce de la vida no tienen nada de malo. Cada quien disfruta a su manera como quiere, sin embargo, sin traer a colación moralismos, es preciso mencionar la importancia del sexo seguro; un condón en el bolso de una princesa nunca sobra. Somos libres y como dijo una reina, hombre con hombre, mujer con mujer, y del mismo modo en el sentido contrario; lo importante es disfrutarlo con responsabilidad.

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