En Colombia se acabaron los corruptos

En Colombia se acabaron los corruptos

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Colombiano que se respete ha fantaseado con la idea de vivir en un país libre de corruptos, sin embargo, de hacerse realidad ese anhelo nos podríamos estar enfrentando a la peor de las pesadillas conocida por el hombre. Mejor dicho: el apocalipsis sería una piñata de primera comunión comparado con la sola idea de prescindir de tan gloriosa estirpe de funcionarios.

Imagínese usted ver un noticiero o leer un artículo de prensa donde no se ventilara un desfalco, uno que otro peculado, un detrimento del patrimonio de la nación, un micro tráfico de influencias, algún chanchullo o cualquier otra barbaridad cometida por algún inocente corrupto; sería terrible. Desaparecería irremediablemente ese preciado ejercicio de la comunicación que consiste en “putear”, acto célebre y clave en la iniciación de cualquier revolución libertadora.

Ni hablar de los papeles fundamentales dentro del ecosistema social que un corrupto cumple. Es un agente controlador de la explosión demográfica: con tanto hospital,
IPS o Centro de salud que ha quebrado y las leyes terribles que ha sancionado, la esperanza de vida del colombiano promedio se ha reducido notoriamente lo que se traduce en una disminución en el tiempo del consumo abusivo de los recursos, permitiendo pues que los miembros productivos de la sociedad puedan sobrevivir. Es un promotor de la felicidad: desviando recursos destinados a la educación contribuye enormemente a la ignorancia, etapa primera en la construcción de una estupidez colectiva, cumpliendo así el viejo adagio popular que reza: “hay tres formas para ser feliz en la vida: una es hacerse el idiota, la otra es hacerse el pendejo y otra es que lo hagan pendejo a uno”.

El Corrupto (torcidus in extremis) es el arquetipo del empresario perfecto: sagaz, con grandes habilidades de negociación proponiendo nuevos modelos exitosos como el C.V.Y.A —cómo voy yo ahí— que va en función de las utilidades y el beneficio (propio, por supuesto). Es un dios del marketing y la publicidad. No hay nadie mejor publicitado y que se quede en los corazones como un bello corrupto picarón.

Haga el ejercicio e imagine que todo en Colombia va de maravilla: cero estrés, la gente con una sonrisota plantada en la cara a todo momento, buenas vías, la gasolina baratísima, la salud y la educación gratuitas y con una cobertura del cien por ciento. ¡Nada más temible que una vida de esas, tan perfecta, que es casi imposible vivirla! ¿Dónde quedaría la figura cuasi mártir dueña de todos nuestros madrazos y causante de todas nuestras tragedias haciéndonos saltar la bilirrubina con tanto abuso para sentir que estábamos vivos? Hace falta el mosco en la leche para evitar los suicidios colectivos y las muertes repentinas por ataques de tedio.

Por eso imploro al dios de todos los santos para que el gen del “torcidus in extremis” no desaparezca de nuestra genética y sigamos viviendo igual o peor, si se puede.

PD: ¿será necesario aclarar que fue sarcasmo?

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