¿Dónde está mi Navidad?

¿Dónde está mi Navidad?

En serio, se me perdió mi Navidad y me da miedito que no vuelva

No hay derecho. Yo, que hasta hace un par de años consideraba la Navidad mi época favorita del año. Que esperaba con ansias que llegaran los días de comer natilla, buñuelos, manjarblanco, hojaldras, y demás componentes del “plato navideño”. Que me entusiasmaba armando el árbol de navidad, el pesebre y poniendo adornitos colorinches aquí y allá. Que no aguantaba las ganas de intercambiar regalos de todos los tamaños. Yo, que recibía diciembre con gran alborozo… ahora lo recibo con un gran bostezo.

Adivinen qué pasó: ¿será que me volví atea? ¿Soy víctima de la ‘depre’ navideña? ¿Estoy a dieta y me da piedra que llegue diciembre con sus calorías? ¿Me siento amargada, triste y sola? Pues no. Sucede que me aplastaron el ánimo bajo una torre de lucecitas de colores, letreros brillantes, pinos tiesos, gordos ancianos barbudos en traje rojo, kilos de nieve artificial y demás elementos de una Navidad “a la gringa” que invade los almacenes y centros comerciales caleños desde ¡octubre! Juro que he visto vitrinas que combinan los adornos de Halloween con los navideños. Definitivamente, no hay derecho.

Ahora, en vez de dejarme tocar por el espíritu navideño, me siento atropellada por él, cual si me pasara por encima una manada de renos de alambre en estampida seguidos de Santa en su trineo cantando villancicos en inglés (y bailando, para hacer más completa la interpretación). Dos preguntas:

1. ¿Los regalos ya no los trae el Niño Dios? No sé desde cuándo en Colombia Papá Noel se volvió tan popular como para que los niños le dejen “cookies and milk” al lado del “Christmas tree” . A mí me caía bien el bebé gordo con alas que entraba volando por mi ventana y me dejaba una pila de regalos a los pies de la cama. Era un bacán, aunque yo jamás me pude explicar cómo siendo tan chiquito podía cargar todos esos juguetes.

2. ¿Cuál es el afán de adelantar la navidad? Cada año veo más temprano los dichosos adornos, pero no precisamente porque el tiempo pase más rápido. Nuestros amigos comerciantes nos hacen el favor de sumergirnos en el mundo navideño con dos meses de anticipación, y a ese paso, cuando llega el 24 de diciembre uno ya está con sobredosis de festividad.

En serio, se me perdió mi Navidad y me da miedito que no vuelva. Esa Navidad que era algo más que la invitación al gasto desmedido y la falsa felicidad (la de consumir y consumir, la del olvido de penas que trae unas culebritas divinas en enero). Mi Navidad hablada en español, con pesebres enormes en vez de Papá Noel trepando en todas las ventanas. ¿Será que la globalización se la llevó? ¿Habrá sido el Grinch ? ¿La falta de originalidad? ¿El afán de vender chucherías…? ¿O fui yo quien le dejó la puerta abierta y la dejó ir?

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