¿Los has visto?

¿Los has visto?

“¿Has visto cómo corren todos? Eso es terrorismo”. Mientras tanto, una camioneta gigante se parqueaba frente a una de las tiendas fulgurantes de la calle Quinta y una mona tetonsísima se bajaba de ella. Recorrió todo el almacén y se llevó tantas cosas que no le cabían en la camioneta y tuvieron que mandarle un camión de la tienda a la casa. Apenas estábamos en octubre y la gente acudía en masa a vaciar todos los almacenes navideños. Luces, árboles, muñecos, luces y más luces. Para la primera semana de noviembre ya toda la ciudad estaría encendida.

A Susanita siempre le había gustado salir a tomar fotos, pero la robaron dos veces y le había cogido miedo a la oscuridad de la calle. “Ya casi vas a poder sacar la cámara…las calles van a estar bien alumbradas”, le dije yo, pero ella me contestó que al final del año es más peligroso que nunca. Yo no entendí cómo puede ser más peligroso cuando hay más luz. Susanita seguía hablando del terrorismo y de una amenaza comercial, la mona tetonsísima tenía al lado a una viejita que no sabía para dónde mirar entre tanta agitación.

“¿Has visto a la viejita? Apuesto a que es la mamá o la abuelita. Se la trajo a Cali a pasar Navidad. La gente que llega siempre se descresta. Imaginate que la viejita nunca ha salido del campo y llega preciso a este alboroto: las vías cerradas por las obras del MIO, la gente atacada por salir a comprar y las luces en todas partes, ¿te ha gustado el alumbrado del río? La gente se queja todos los años, que “tan feo”, que “cómo se les ocurre poner eso.”A mí siempre me ha parecido hermoso, todos los años. Me encanta que la ciudad se llene de luces, el oeste con la decoración que pone el municipio y los barrios populares que se alumbran ellos solitos. Esos son los más simpáticos. Un desorden de formas y colores que a muchos les parece ordinario, pero yo lo encuentro mágico. Mirá la cara de la viejita. Está feliz. Me las imagino llegando al barrio a pavonearse con todo lo que compraron, ¿ves lo que te digo del terrorismo? A la gente la asustan. Comprar en navidad es como una orden, un mandamiento: “Si no comprás, serás condenado a vivir en desgracia”, o algo así, y la gente sale corriendo a comprar. Hacen lo posible por comprar más que el vecino, y si no tienen plata, se desesperan, muchos salen a robar y hasta matan. Una vez me atracaron el 24 de diciembre y mientras yo le entregaba la plata al tipo, él me explicaba que necesitaba comprarles los regalos de niño Dios a los hijos. Yo disfruto las luces, pero creo que la navidad es la época más triste del año.”

Nos fuimos para la casa mientras la gente seguía robando y comprando, se talaban árboles en las calles, los niños se quemaban las manos y la plata para acabar el hambre de la ciudad se iba en luces, muñecos y árboles de plástico.

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