A nadie le importan los Grammy

A nadie le importan los Grammy

grammy2015

Foto: Guardian composite

Por  Luis Gaviria
@luisgaviria226

Anoche se llevaron a cabo los premios Grammy, el anhelado evento que premia lo mejor de la música actual. Muchas estrellas, trajes extraños, presentaciones melancólicas, Sam Smith arrasando y un geriátrico musical que, con todo el respeto del mundo, merece ya una jubilación.

El buen rock se A-C-D-C-ar

La ceremonia, llevada a cabo en el Staples Center de Los Ángeles, inició con la energía de AC/DC, en un show digno de su categoría. Simple, contundente y sin los tantos artificios que se valen los artistas de hoy para sorprender. La voz perfecta de Brian Johnson elevó el nivel que, lamentablemente, fue bajando conforme fueron desfilando los otros artistas en el escenario. Estamos un Highway To Hell con la música de hoy.

Los vestidos

Desde una Rihanna vestida para una fiesta de quince años, pasando por la bata de baño de Kim Kardashian (la celebrity más inútil del mundo) hasta el traje de torero de Madonna que merecía una embestida salvaje, llegamos a la conclusión que la calidad musical de muchos artistas es directamente proporcional a su asesoría de imagen. No nos olvidemos de la peluca Tengo-un-perro-muerto en la cabeza de SIA, el look a lo Jessica Rabbit de Lady Gaga y la decencia (por fin) de una Miley Cyrus con ropa, la cual no pudo lamer ningún gramófono, gracias al cielo,  ya que no ganó.

No más Happy

El éxito de Pharrell se puede resumir como una canción que amas al inicio, pero que con el pasar del tiempo y su sobre exposición mediática llegas a odiar con todas tus fuerzas. Sin embargo, para este artista los límites no existen. Durante su extraña presentación, en la que se vistió como un botones de hotel, vimos un sancocho de ópera con algo de pop, que más que innovar, logró confundir a más de uno. El público no estuvo tan happy.

Los dinosaurios del rock

La ceremonia también se prestó para el regreso triunfal de algunas estrellas de antaño que rehúsan abandonar sus carreras. Vimos a la icónica Madonna cantar y bailar su más reciente sencillo Living For Love, en una muestra clara de que la vejez no llega sola. Más de uno pudo notar cómo se atrancaba en las notas. Menos mal estaban disfrazadas por la pista y la coreografía. Una bala de oxígeno para la chica material, por favor.

Más adelante, Annie Lennox, ex vocalista de la banda Eurythmics, hizo un dúo interesante con Hozier (otro nuevo cantante que el 2% del mundo conoce; bueno, por este lado del hemisferio) con la canción Take Me to Church. Bien por ella, se le ve vital y llena de energía. Todos quisiéramos tener una abuela tan chévere como Lennox.

Luego, en mitad del sopor de tanta presentación triste, apareció Lady Gaga con el astro Tony Bennett, como la típica pareja gold-digger-Sugar-Daddy en una interpretación que, aunque buena, no cala en el gusto del público de hoy. Sé que me van a matar por decir esto.

Ya al final vimos a Prince, vestido todo de naranja, presentando el premio a mejor álbum. Muchos logramos notar en su actitud un leve desprecio por esta industria que olvida a quienes la hicieron grande en el pasado.

Campaña social

Uno de los momentos más interesantes de la gala fue la intervención del presidente Barack Obama quien compartió los detalles de la campaña #ItsOnUs que busca erradicar la violencia de género. ¿Una indirecta para Chris Brown?

Mucho góspel

Al parecer la fórmula de este año en los Grammy era conmover a la audiencia. El 80% de las presentaciones se fueron por una línea suave de cantantes pausados e inspirados, al son de un piano o una guitarra. A muchos les fue bien, como al dueto Usher – Stevie Wonder, e incluso Beyoncé; pero los demás fueron insípidos y desesperantes. Katy Perry se lanzó al ruedo, pero se notó que le faltaban sus tiburones danzantes a su lado.

Aquí se habla español hijuep…

Casi en la mitad y para despertar al somnoliento público, subió al escenario Juanes, nuestro Juanes, interpretando la canción “Juntos” que hace parte de la banda sonora de la película “McFarland, USA”. La única novedad fue que desde hacía 10 años no se realizaba una presentación en español en una ceremonia de los Grammy.  De la canción del paisa podemos decir que suena a más de lo mismo: un rip-off de la Camisa Negra.

Los ganadores

El que acabó con todo fue Sam Smith, el británico que con su canción Stay With Se llevó cuatro gramófonos para su casa, incluyendo canción del año y grabación del año. Sin embargo, llegó un punto en el que se volvió irritante; por poco casi sale en el tradicional obituario del In Memoriam, porque como todo se lo quería ganar… Pero no hay que desmeritar que su trabajo es excelente. Sam Smith is the new Adele.

Otro ganador fue Beck, el cantante indie-hippie-rockero-alternativo, que muy poca gente de esta generación conoce y los que lo recuerdan pensaban que había muerto. Este artista se alzó con la categoría álbum del año, muy merecida por cierto, aunque a Kanye West, no le pareciera.

Y con este triunfo cerraron los Grammy, una versión más que nos hace caer en la cuenta que la música de esta era no está en nada. ¿Has notado que en lo corrido del primer decenio no ha salido ningún clásico? En fin, entre gustos no hay disgustos, pero el fin está cerca: Miley Cyrus lame martillos, Nicki Minaj canta sobre su trasero, Taylor Swift prepara terreno para dominar el mundo con su cara de inocente. ¿Qué les pareció el show? Opinen.

 

 

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