Cambio sin tiempos

Sí, ése primer día del nuevo año en el que transpiramos alcohol y no dan ganas de hacer nada, que uno se flagela con la programación de Caracol y RCN viendo las mismas películas de siempre

Listo. Digamos que Papá Noel existe, que un pino con bolas de colores y nieve al lado de una gran maqueta con muñequitos en el desierto funciona, que los errores en la escala de los pesebres donde el Niño Dios es más grande que el burro no existen, que los “melomerengues” son para ponerlos a toda y que los 14 cañonazos volumen 69 es un buen CD. Todo esto simboliza la Navidad, el fin de año. Luces por todo lado al mejor estilo de un casino de Las Vegas, muñecos amorfos con mensajes de felicidad, sonidos monofónicos de villancicos que se repiten toda la noche, los calendarios para la billetera y los jingles de fin de año de Águila roja y Caracol sonando en las emisoras de radio.

Clavitorial

El fin de año es como la canción “Volver a empezar” de Alejandro Lerner, en la que en el video aparece Maradona gordo con Menem y “Color esperanza” de Diego Torres, que ponen en todo retiro espiritual o taller de superación personal. Esta época en la que nos proponemos múltiples cambios se parece a cuando uno dice: “ el lunes empiezo la dieta ” o “ vuelvo a hacer deporte ”. Entonces nos preparamos para que el último día de “libertad”, el domingo, sea todo lo contrario, con la agravante que lo del domingo se cumple y lo del lunes tal vez no. Son estados mentales, o sea, por qué no empezar ya y acompañamos nuestro cambio con un rito diferente al de las uvas, el billete en el bolsillo y la vuelta a la manzana con la maleta.

Algunos van a misa y escriben todas sus promesas en un papel y las queman como ofrenda a Dios. Otra gente compra una nueva agenda (uno nunca termina de pasar todas las fechas y teléfonos de la agenda antigua) dizque para organizar mejor el tiempo y anotar todas sus intenciones para el nuevo año. Prometen que empezarán el 1 de enero, ese día en el que hace un calor infernal y que toca recoger todo el aserrín que quedó del año viejo del vecino. Sí, ése primer día del nuevo año en el que transpiramos alcohol y no dan ganas de hacer nada, que uno se flagela con la programación de Caracol y RCN viendo las películas El regalo prometido , precedido del “estreno” Loca academia de pilotos 9 ; ese día es el primer paso para incumplir todo lo que prometemos y ni hablar de ahí en adelante. Además, sin un sólo peso en el bolsillo.

Este no es discurso amargado tipo El Grinch, es más bien un llamado para que creemos ritos propios, a que manejemos nuestros tiempos y no necesariamente los que la televisión y las costumbres copiadas nos dicen. El fin de año puede ser hoy si así lo queremos ver. Quién dijo que uno no puede realizar esos ajustes ya mismo. Hagamos que este tiempo al que le llaman Navidad sea distinto, que este fin de año sea parte de los posibles cambios que queremos para nuestra vida y no simplemente el inicio o la excusa perfecta para inventarnos dietas, viajes y ponerle fin a los vicios adquiridos.

Por eso estamos poniendo el ejemplo. No vamos a esperar a que se acabe el año para trabajar con un equipo renovado, una nueva generación de estudiantes de las universidades Autónoma, ICESI, Del Valle, San Buenaventura y Javeriana. Terminamos este año planeando una publicación mensual, ofreciéndole al lector una revista con un nuevo formato que la hará más fácil de llevar, con más páginas y nuevos columnistas. Se la metimos toda a nuestro sitio web , que registra cada vez más visitas y estamos implementando el servicio de suscripción para nuestros lectores habituales. Gracias por acompañarnos en estos cambios.

Comments

comments