Colombia, Twitter y Matoneo

Colombia, Twitter y Matoneo

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Colombia es un país bellísimo, pero aceptémoslo está dominado por la hipocresía y la doble moral. Sólo hay que abrir Twitter para darse cuenta. Un día estos usuarios están indignados por la falta de igualdad, por el suicidio de pequeños presionados por el colegió debido a su preferencia sexual y sin embargo, los comentarios despectivos son pan de cada día. Mire por ejemplo al hijo de Juan Pablo Ángel, sufrió del matoneo virtual por cientos de usuarios que perdían su tiempo viendo la ‘Voz Kids’ –un programa que ejerce, ya por sí mismo, presión en la infancia creando competencia prematura–, y muchos de ellos, “luchan” por la igualdad. Y lo pongo entre comillas porque para lucha falta más que hacer trinos de 140 caracteres en contra de algo.

El pobre chico amanerado –y bastante amanerado hay que decirlo–, con tan solo 13 años, sin tener aún la madurez psicológica para entender que las personas insinuaban que era homosexual, de hecho, ni debe distinguir entre la homosexualidad y la heterosexualidad, fue centro de burlas y chistes negros. Sí, bromas ácidas, porque eso es lo que manda la parada en la red social del pajarito.

Todos los usuarios parecen ser tan sofisticados para hacer comentarios sarcásticos, irónicos, o para burlarse cruelmente de situaciones que le duelen al país. Más de la mitad de los usuarios registrados en Colombia, parecemos tener ese estilo, y más que auténticos sólo es un lineamiento que está de moda, es como un requisito: “Para tener Twitter hay que compartir estupideces, burlas, quejas y chistes negros”. Y es que en Colombia, ahora la red social más práctica de todas, se convirtió en un canal de matoneo virtual. No sólo le sucedió al hijo de Juan Pablo Ángel, también ha sucedido con un montón de gente, incluso cuando damos pie a las burlas y se salen de control, entonces si deseamos linchar al inhumano que pudo ser tan cruel; como sucedió con el chico que se burló de la muerte de los chicos costeños en un bus que no tenía las condiciones para transportarlos.

¿Qué les pasa a los colombianos? Una cosa es la indignación masiva, y otra la ignorancia masiva que puede perjudicar a cientos de personas. No todos tienen el coraje para aguantarse, y finalmente deben cerrar su cuenta debido a la presión social. Sé que no está en la constitución política una ley que proteja a los Twitteros, pero debería al menos existir la vergüenza ajena que siento yo a veces por bochornosas situación que presenciamos en silencio.

Desconozco si esta situación de tajante hipocresía sucede en otros lugares del mundo, no vivo allí. Pero lo que si es cierto, es que para nuestra naturaleza humana, burlarnos de otros parece ser algo que adquirimos junto al conocimiento. Algo que se evidencia en la calle, en el colegió, en la universidad, en el transporte público, en el cine, y hasta en nuestras casas. Una desconcierta actitud que al parecer es netamente normal. Y aun sabiendo que está mal, ignoramos la situación, porque es mucho más sencillo hacer las cosas mal.

Colombia, un país virtualmente bellísimo.

Por Sebastián París

Twitter: @Lenfert 

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