De esta feria no beberé

De esta feria no beberé

Juan Manuel Rodríguez

Juan Manuel Rodríguez

Colombia es un país que se fija mucho en los rankings mundiales. Según tengo entendido somos unos de los países más felices del mundo y también contamos con el segundo mejor himno del planeta. Yo la verdad no sé quién hará esta especie de listados, pero si a las personas o a un país entero le gusta alardear con estos triunfos, pues no molestemos y unámonos  al jolgorio colectivo, ¿no le parece estimado lector?

Creo que tener celebraciones para todo es uno de los motivos por los cuales nos consideran un país feliz. Cada región y sus diferentes ciudades y pueblos presentan diferentes tipos de fiestas, ferias y/o carnavales.

Entre las celebraciones más nombradas  tenemos  las ferias de: Cali, Manizales y  Medellín;  y en cuanto a carnavales los que  están mejor posicionados son los de, Barranquilla y Pasto, con la celebración de Blancos y Negros.

Bogotá no tiene ninguna feria, ni carnaval, no faltará el que diga con cierto  aire de superioridad intelectual: “Lo que pasa es que nosotros le damos espacio a la cultura de otra forma, con festivales de teatro, cine y música”. En la capital abundan ese tipo de personajes.

Yo no sé si aplico del todo para el ambiente feria, pues creo que uno debe tener ciertas características para encajar en las mismas:

  1. Meterse borracheras porque sí: yo no sé ustedes, pero yo ya no puedo hacer eso de forma repetida y desmedida.  En épocas universitarias, uno podía tomar por muchos días seguidos y pasársela de rumba en rumba.  Pero ya uno se encuentra en esa etapa donde el cuerpo le pasa la factura al otro día, por medio de unos guayabos descomunales.  Dígame flojo, nena o como quieran, pero yo,  la verdad, prefiero evitar eso.
  2. Montar a Caballo: esto es algo que he hecho por mucho dos veces en mi vida y siempre con el caballo Torombolo, es decir con el más mansito, con ese que ni por el chiras  va a arrancar de un momento a otro a galopar en pura  (dícese de manera muy rápida o veloz). Para esta actividad, usted debe hacer un mix con la primera.  Yo no me imagino cómo mientras voy montado  en un caballo, debo manejar las riendas con una mano y con la otra llevar una botella de trago de forma repetida hacia mí boca; todo esto mientras mi cerebro ordena el manejo de  las riendas y los  movimientos independientes de piernas y brazos. La verdad mí coordinación no da para tanto. Por otro lado  ¿Qué le ven a eso de pasearse en caballo por las calles de una ciudad? Siempre que veo en las noticias esas cabalgatas con mujeres que parecen modelitos, sombreros, gafas de sol, y una horda de caballos digna de una escena de guerra del Señor de los anillos,  me aterra ese afán que tenemos de mostrarnos como personas Cool, en fin, cada loco con su tema.       Baile: Para este punto abordaré solo la feria de Cali.  Suponiendo que usted decide ir a dicho evento, a pesar de que la salsa no es el único tipo de música que se puede escuchar en la feria, uno esperaría por lo menos tirar paso con el género local. La salsa y yo no somos buenos amigos cuando de bailar se trata.   Me parece que solo la bailo bien cuando estoy con tragos en la cabeza, pero pues en ese estado uno puede hasta a bailar bien la música de Kenny G. Para mí todo va bien hasta ese momento en que toca dar vueltas, y pierdo toda noción de ritmo y coordinación.
  3. El Fight Club criollo: Esto consiste en darse trompadas con el primer desconocido que esté dispuesto a pelear o que le busque pleito. El trago parece estar relacionado en todos los puntos a tener en cuenta para asistir a una feria. Me imagino que  en los sitios donde está la fiesta y las modelitos ya enrumbadas no les cabe un tinto, cualquier empujoncito o leve roce que usted considere que atenta contra su bienestar de ser humano en fiesta y con tragos en la cabeza, da pie a que usted rompa o le rompan la jeta.  Creo entonces que lo mejor es andar en manada y asegurarse que la misma  va a estar dispuesta a plantarse frente a sus agresores.
  4. Cambiar su esencia: ¿A quién no le ha pasado eso de intentar hablar con el acento de la región que visita?, el que diga que no simplemente está mintiendo. Creo que somos pésimos cuando intentamos imitar  la forma de hablar de otras regiones.  Aparte de eso nos debemos ver de lo más ridículos cuando emprendemos dicha tarea, la cual siempre consideramos que hacemos bien.

De pronto las razones por las cuales nunca he ido a una feria son las que le mencioné. Sin embargo, cambiando un poco lo que dice  el viejo refrán, no puedo decir: “De esta feria no beberé

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