De la ciencia, sus medidas y la modorra que nace al pensar en ellas

De la ciencia, sus medidas y la modorra que nace al pensar en ellas

Presumo que el tiempo no es más que un juego de simples palabrerías. Cuento partes de él que premeditan un suceso esperado o el punto de uno acaecido. ¿Son las medidas tan rígidas como la definición que les proyecta su existencia? Mido tanto, peso tanto, calzo tanto y recorro tanto. Tanto y tanto y tanto.

Decía mi mamá que una mincha es la centésima parte de un jurgo. Yo sé que es un jurgo: mucho, y una mincha: bien poquito, y si quisiera armar un jurgo de minchas pues tomo cien de ellas. Ahora bien, si quiero un jurgo de litros mediría cien litros en un tanque para un jurgo de agua y ya está. Pero, claro, eso sería según la escala mamá de Felipe, porque no sé si la mamá de Pepito, la de Sutanejo o la de Perencejo tienen una partición distinta a la de mi mamá. Ahí si vale decir que las escalas empiezan donde yo las pongo. La cosa resulta entonces como arbitraria, ¿no? ¿Qué decir de los bienes inmateriales como los de la Mamá Grande? Ahí si que es bien complicado. Digo yo, comparar la honestidad de la madre de la casa uno con la de la madre dos es mucho muy difícil. Peor aún cuán malo es quien mata ahora a quien mató ya hace un jurgo de tiempo. Vuelvo a lo del jurgo.

Todo se presume bajo la comparación. Comparar es medir. Eso que ni qué. Imagínense cuando hablamos de infinitos. Yo he intentado entender ese figurín del ocho acostado unas cuantas veces y cada vez entiendo menos. Es la piedra de mi zapato, y una piedra infinita. Entiéndalo como le provoque. Porque si la piedra es infinita pues tendría que ser mi zapato infinito; zapato que abarcaría todo el infinito universo. Como quien dice el universo es mi zapato infinito que contiene en su mayoría una piedra infinita llamada infinito. Acabo de entender menos que lo que entendía seis líneas antes. Claro que los decimales que hay entre el cero y el uno son infinitos y entre el dos y el tres pues infinitos. Entonces si sumo los primeros infinitos con los segundos infinitos, ¿tendré acaso dos infinitos? Pues no, será uno solo. Ahora bien, si pretendo comparar dos distancias y si la primera tiene entre sus límites infinito número de partes y la segunda también y si entonces sumo la primera con la segunda tendré una tercera de tres metros e infinitas partes. Uno más dos da tres e infinito. Bueno, eso sería haciendo una deducción bastante apresurada. Mejor lo dejo así. El infinito es simplemente un juego conceptual. Digamos o, mejor, lo digo yo para que después no me culpen de meter a otros que nada tienen que ver: una invención de recurrencia como metodología de comprensión. Infinitamente necesario.

>Y es que como será de útil que se le puede escuchar tal vocablo al más culto como al menos. Nadie puede discutir su utilidad. Que sean los que miden quienes lo definan. Para el resto de los mortales no hace falta definirlo sino que es justo usarlo. Ya rezaba mi tía algo similar con el dinero: la plata se hizo para gastarse. Y meditándolo profundamente y con la falta que justo ahora hace pues yo creo que si. Completa razón tiene mi muy dignísima tía. Esas palabras basta usarlas y mientras se usen tienen su razón de ser. Cuando las cogemos, quietecitas ellas, para definirlas, nos armamos un enredo monumental y decidimos luego de no llegar a ningún lado, dejar ahí, prender el televisor y ver mejor Friends cuyos chistes doblados al español sí se entienden. Así que, mundo, lo del tiempo, el infinito y la honestidad y la sinceridad de las reinas de belleza y las ganas de los Protagonistas de Novela y lo guerrero de los concursantes de la Isla de los famosos y el Desafío, que lo definan quienes se sientan a medir comparando lo inmedible. Que midan el jurgo de incongruencias que escribo y se darán cuenta que pueden ser infinitas entre cada centésima mincha de incongruencias que no digo.

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