Después de la U

William Ospina, es tarde para el Hombre, dice que “alguna vez fue importante aprender: hoy importa graduarse”. Me hubiera gustado vivir en esa Vez. Yo soy el “y” del hoy. Y me gradué… ¿importa?

Hace poco termine mis estudios universitarios; creí que era una prueba superada. Pero se ha convertido en un problema teórico y práctico más difícil de solucionar que los ejercicios de todas las materias que cursé. Soy Ingeniero Industrial de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, no sobra decir que recién egresado. Y he ahí el problema.

Al terminar mi contrato como estudiante en práctica, la incertidumbre vuelve a desesperarme cada mañana luego que la había ignorado seis meses, desde cuando una organización me albergó para cumplir con este requisito universitario.

Fue una experiencia de aprendizaje e inexperiencia ante el conocimiento incompatible: cumplir con un horario de trabajo con ropa adecuada; lograr una simbiosis con el ambiente laboral donde las cosas se hacen así, porque sí y punto; dar cuenta y fé ante el jefe de las responsabilidades por acción omisión; presentar reportes e informes de lo que existe y lo que no; y preguntar a cada momento qué y cómo se hace, se dice, se piensa y se actúa en una oficina de trabajo.

Pero después de mi práctica, buscar trabajo fue mi primer trabajo. Y para cumplirlo llevé dos títulos.; el que me acreditaba como profesional y el que me ayudaba a ejercer mi profesión: “Javeriano”. Un adjetivo superlativo que prima por sobre la calidad educativa que egresados de otras universidades puedan tener en mayor o igual medida que cualquiera de nosotros. Es un apellido de buena familia.

En el tiempo libre (todo el día) la rutina se limita a hacer hojas de vida con variedad de formatos para enviarlas a la mayor cantidad de partes posibles; preferiblemente multinacionales, PYMES como última opción; y crear empresa como utopía.) La ilusión porque la próxima llamada que se reciba en casa sea para presentar una entrevista de trabajo, se concierta en la desesperación cundo un amigo o familiar te saluda preguntando: ¿Ya conseguiste trabajo?.

Como egresados, uno de los retos es acercarnos al perfil de superhombre que las empresas exigen para sus vacantes en cargos. Puedo comprar en cualquier parte la ‘excelente presentación personal’; mi saludo puede ser lo suficientemente falso para contar con ‘magníficas relaciones interpersonales’; puedo aguantarme al que sea ‘disposición al trabajo en equipo’; guiaría por cualquier camino al que sabe y no sabe donde va con mi ‘capacidad de liderazgo’; y respondería OK a todo lo que me preguntaran e inglés para ‘indispensable ser bilingüe’. ¿Pero de dónde saco los ‘tres a cinco años de experiencia mínima en el cargo’ que anuncia el clasificado?

Por favor. Soy recién egresado y además de una universidad (como todas) que flota en una pompa de jabón; aislada de la realidad nacional, interesada en el mercado académico y olvidada de la creciente oferta laboral. Otro reto al sentirnos profesionales, es huir de la publicidad y el mercadeo de productos y servicios de consumo masivo que, de un momento a otro, necesitamos; creemos las condiciones que de nosotros quiere la sociedad.

Y la esperanza de autonomía económica con que soñamos se traslada de la búsqueda de independencia de nuestros padres, a la de nuestros frágiles antojos modaraciales. Las ansias de tener nuestro propio dinero compran la vocación y la profesión. Un trabajo y un empleo se vuelven uno solo si las empresas pagan bien ello, dirigiendo el interés por el área de trabajo en lo no rentable que sea y no en lo buenos que podamos ser en ella.

En este momento, egresados es sinónimo de desempleado. La oferta sobrepasó a la demanda. La situación económica y política de Colombia no brinda opciones suficientes para la cantidad semestral de egresados y la cantidad anual de desempleados.

La competencia laboral es más agresiva y se gobierna por las reglas de la selva (el mejor preparado), la de XXX (“denme una palanca y un apoyo y moveré el mundo”) y la del más barato (el que menos cobre por su potencial de trabajo). Pero son las reglas del juego y sólo nos queda jugar con ellas, así ganemos o perdamos. Definitivamente ya se que sigue después de la U: la V de vacante.

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