El acto violento para causar miedo: el terrorismo

El acto violento para causar miedo: el terrorismo

Los que cabalgamos por la juventud somos testigos del uso deliberado de una palabra: terrorismo. El día 11 de septiembre de 2001 se instauró esta palabra. En esa fecha se dividió al mundo entre terroristas y no terroristas. Instantes después de la caída de las Torres Gemelas, Goerge W. Bush sentenciaba que el mundo entraba en nueva etapa: la lucha contra el terror que amenazaba la libertad mundial. Y que él iniciaba una santa cruzada para salvar al mundo, y en esta lucha había dos posibilidades, se estaba con él en esa cruzada o de lo contrario se era terrorista.

En Colombia caló hondo las palabras de Bush. Uribe y su séquito saltaron a la palestra pública a apoyar la nueva lucha del presidente norteamericano; y sin ningún escrúpulo, ellos añadieron para Colombia la misma fórmula: en el país están los terroristas y los que luchamos contra ellos. De esta forma se inició toda una alharaca mediática donde se atestiguaba la existencia del terrorismo en Colombia.

Esta palabra empezó hacer parte de nuestras vidas cotidianas, y sin ton ni son, unos a otros se llamaban terroristas, claro sin aclarar que entendían por terrorista o terrorismo. Nosotros que caminamos por juventud, en donde afloran las inquietudes, debemos buscar una aclaración del terrorismo.

Un acto terrorista presenta un alto nivel de violencia en su ejecución y se muestra como un hecho ajeno a la sociedad o un hecho que intenta poner en riesgo el orden en el cual está sustentado un grupo social. Ya que “cuando una acción de violencia genera efectos psíquicos desproporcionados respecto a sus consecuencias materiales adquiere peculiaridades propias de lo que se denomina terrorismo”.

Este intenta hacer que nazcan reacciones emocionales como ansiedad, nerviosismo, sentimientos de incertidumbre entre quienes forman parte de un conglomerado social, de manera que resulte fácil condicionar sus actitudes y dirigir sus comportamientos con unos fines determinados. Esta característica se resalta en un acto terrorista en el sentido de que no se busca causar daños tangibles a personas o a cosas.

El terrorismo, según su objetivo, puede catalogarse como vigilante o insurgente. El primero se lleva a cabo más bien con la intención de preservar el orden político establecido, y el segundo es realizado con la intención de alterar sustancialmente una determinada distribución del poder. Lo podemos recordar cuando el conocido Pablo Escobar hacía detonar carros bombas en las instalaciones del DAS o en las instalaciones del periódico El Espectador. Estas acciones violentas tendían a “provocar las anticipadas secuelas psíquicas entre quienes pertenecen a cierta población, la violencia se dirige principalmente contra blancos de alguna manera seleccionados en atención a su relevancia simbólica en el seno de una sociedad […]”.

En un país en conflicto como Colombia, los actores en contención buscan presionar psicológicamente sobre sus adversarios, de ahí que buscan violentar puntos físicos estratégicos para sus enemigos. Cuando un superior militar atestigua que desmanteló un campamento guerrillero o paramilitar, el mensaje que intenta enviar a sus enemigos es que tiene todos los recursos necesarios para seguir golpeando a sus enemigos, y de esta forma intenta que el otro bando vaya aflojando en su lucha. De igual forma actúa el otro bando en tensión, la guerrilla busca golpear la estación de un lejano pueblo para demostrarle al gobierno que ellos poseen el poder suficiente para luchar contra el poder del gobierno.

En Colombia el uso deliberado de la palabra terrorista esconde las intenciones de los actores violentos de condicionar a las ciudadanos y ciudadanas a través del uso de la violencia, de igual forma el uso irracional del gobierno de estas palabra demuestra su poca capacidad para encontrar salidas políticas al conflicto colombiano. El terrosismo
es el arma para causar miedo y condicionar a la personas a seguir fines determinados. He ahí por qué se escucha tanto esa palabra… se busca causar un miedo generalizado, primero para se opongan a un supuesto enemigo, y segundo para que no cuestione a los que luchan contra a él, ya que al hacerlo pueden ser catalogados terroristas.

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