El caso Betamax

El caso Betamax

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Por Maria Eugenia de Aparicio

Estoy sentada frente a uno de mis computadores. Tengo tres, uno muy viejito Toshiba, ha estado conmigo desde que comencé mis pinitos en la red, uno mudo que me encanta pero al que se le dañó la tarjeta de sonido, nunca tuvo arreglo, y éste que me regalaron el año pasado,  lo quiero pero cuando me da por ser mecanógrafa rápida, el cursor salta por todo el párrafo y se me unen las oraciones formando un enredo de Dios Padre. Entonces después de un madrazo comienzo con Ctrl Z a corregir todo.

Sigo aquí sentada pensando que siempre me ha gustado la tecnología. Cuando llegó la tv a mi casa (a blanco y negro) fue algo maravilloso: tenía  cinco años y quería saber cómo funcionaba. Lo tocaba, le subía el sonido al máximo cuando mi madre no estaba. Miraba por la rendijas tratando de descubrir algo, sólo veía figuritas paradas como soldados. Metía palitos tratando de tocarlos… por fin mi madre destapó la tapa posterior, en ese momento conocí los fusibles y  los tubos. Conocí también el quemón por tocarlos y entendí que una cortada con un vidrio de esos duele más que con una cuchilla de ésas de afeitar.

Con el tiempo conocí a mis amigas las grabadoras. Me encantaban. Jugaba con los casetes, mezclaba música, grababa a mis hijos (todavía tengo esas grabaciones) pero el aparato que me encantó por excelencia fue el betamax. Podía hacer miles de cosas: salir tranquila y grabar el programa que quería o mientras veía un programa, grababa el otro. Alquilar películas era lo máximo, sobre todo cuando se escondían las que no deberían ver los hijos.

Yo era feliz con ese aparato hasta que alguien me dijo “en Europa ya no se usa”. Me dio angustia y comencé a investigar sobre el caso Betamax, era cierto. Le conté a mis compañeros de trabajo lo que había descubierto y se rieron hasta que les dolió el estómago – ¡Eso es imposible! ¡A quién se le ocurre decir esa barbaridad!. Me sentí  “bruta”… tal vez me confundí y el betamax jamás se iría de nuestras casas. Reaccioné cuando mi jefe se volteó y les dijo a mis compañeros: Es mujer, no sabe de esas cosas.

A partir de esa fecha estoy desempleada, ya se imaginarán por qué. Me encantaría tenerlos en este momento frente a mí  y preguntarles si ellos aún utilizan ese equipo para ver películas. Me gustaría preguntarles si utilizan whatsapp para comunicarse con sus hijos o sus familiares, si saben navegar, si saben qué es Facebook o simplemente si saben cómo utilizar el cerebro en estos momentos.

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