El festival de la luna blanca

El festival de la luna blanca

Operación “Muralla de Fuego”
La llamada alertó a los oficiales sobre lanchas sospechosas en la isla de Santa Catalina. Eran las nueve de la noche del sábado 10 de julio. En la avenida Colombia, jóvenes acompañados por el sonido del vallenato y el calipso caminaban en busca de la rumba. Más allá de las palmeras, una nube color lluvia y una brisa seca recorría las costas del departamento. En el espacio aéreo, el vuelo P7458 de la empresa Aerorepública procedente de Cali comenzaba el descenso en vuelta semicircular para aterrizar en el Aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla.

A los quince minutos de la llamada, 12 hombres de la policía y guardacostas de la Armada Nacional salieron en operativo de inspección. La búsqueda terminó en éxito, cuando en la playa de Old John Bay fueron encontradas tres lanchas con un cargamento ilegal. Había pasado una hora y media desde la llamada. En Blue Deep los láseres brillaban y el reggaeton despertaba la sensualidad de las quinceañeras. Los turistas recién llegados salían de los hoteles del centro como pirañas en búsqueda del viejo mito de la excursión de paisitas. La rumba duraría hasta el amanecer mientras los policías realizaban el análisis del decomiso.

En la mañana, la brisa fluía sobre el mar de los siete colores. Las playas estaban llenas de mujeres hermosas y Coco Loco. Mar adentro, los saltos del Sky Surf deleitaban a la gente. Llenos de entusiasmo, los lancheros transportaban turistas a Jhonny Key. En las barcas de pescadores, un grupo de europeos grababa un documental sobre la destrucción de la tercera barrera coralina más importante del mundo. Bordeando la playa, los gigoloes seguían en busca del fantasma de las paisas. En el ethos nativo, ya se comentaba con estupor la noticia.

1,6 toneladas de cocaína —así lo dictaminó la prueba de PIPH (Pruebas de Identificación Preliminar Homologada)—, el cargamento más grande encontrado en San Andrés en los últimos dos años según medios locales. En el operativo fue capturado un joven que acababa de dejar 10º grado. En los últimos años la mayoría de capturados por narcotráfico han sido jóvenes isleños que han dejado sus estudios. El hallazgo fue el inicio de una operación conjunta entre la DEA y la Policía Colombiana llamada Muralla de Fuego, con la que se busca disminuir el tránsito de narcóticos por el Caribe.


El correo nacional

Lunes 12 de julio. Había oscurecido una hora antes. El olor trascendía por todo el hotel y algunos de los clientes ya empezaban a quejarse. Varios empleados tocaron la puerta del 428 pero nadie abrió. En los registros del check in, la pareja había llegado cuatro días antes procedentes de Pereira con un plan todo incluido para nueve días.

Alarmado por la intensidad del olor, el administrador llamó a los directivos del hotel, quienes inmediatamente informaron a la Policía. San Andrés estaba en caos ese día. Una tormenta tropical amenazaba con hundirla. Las calles estaban inundadas. Los turistas tuvieron que encerrarse. El comercio no tuvo un buen día y los vuelos de salida fueron suspendidos. Todo esto demoró la llegada de los policías.

Al llegar, los oficiales indagaron sobre los turistas. Una empleada contó que la noche anterior la mujer había estado llorando y durmió en el pasillo. Luego de hacer el papeleo necesario, se dio paso al ingreso a la habitación. El olor en el interior se hizo más fuerte. Los oficiales y un empleado del hotel tuvieron que taparse la nariz. En la cama, arropado por una cobija blanca, un hombre yacía de espaldas como si estuviera dormido. Los oficiales le hablaron varias veces, pero el olor ya les había confirmado el presagio de una mala noticia.

El huésped introdujo en su cuerpo 86 cápsulas de látex, un total de 1.125 gramos de heroína. El contacto con los gases abrió una de las cápsulas, lo cual le produjo un infarto fulminante. La mujer que lo acompañaba, según informó la Policía, salió en un avión con destino a Medellín. En estos momentos es buscada por las autoridades. El procedimiento utilizado responde a una nueva modalidad que, al parecer, empieza a tener fuerza en Colombia: el transporte de ‘mulas’ hacía San Andrés, en donde entregan la mercancía a los jóvenes lancheros, quienes en naves tipo gold fast, con motores de 200 caballos de fuerza, las transportan hasta las costas de México. “Para evitar estos hechos -dice la Policía- ya mandamos a traer una máquina de rayos x para el Aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla”.


La cultura del facilismo

En el año de 1953, San Andrés fue convertido en puerto libre del Atlántico. Fue con esto, como se inició un proceso de colonización que buscaba fortalecer al territorio como lugar de intercambio comercial y turístico. La entrada de inversionistas y empresas hoteleras, de grandes marcas de ropa y electrodomésticos, y turistas nacionales e internacionales, prometía generar desarrollo y prosperidad.

Tal y como Jorge Orlando Melo define a las zonas de colonización en Colombia, San Andrés terminó “convertida en una prolongación entre corrupta y entusiasta de lo que es el resto de Colombia”. Fenómenos como el bajo entendimiento de la diversidad cultural isleña, la corrupción política -la mayoría de sus ex alcaldes y ex gobernadores tienen o han tenido procesos judiciales-, el olvido de la clase dirigente del interior, y la ausencia de una política social de largo plazo, han permitido que el narcotráfico se infiltre fácilmente como un proceso de socialización, modo de vida y forma de progreso. La brecha existente entre industriales, inversionistas, dirigentes y la sociedad isleña es cada día más notoria y tiene a la isla en un estado de desequilibrio social.


El futuro está en los niños

Conocido como Flowers Hill Bilingual School, de él han salido estudiantes que fueron becados para estudiar en universidades del interior de Colombia y Costa Rica. Un isleño, hoy abogado egresado de la Universidad San Buenaventura de Cali recuerda los grandes momentos de este colegio: “Estaba lleno de vida, lleno de colores. En él aprendimos el por qué de nuestra cultura; las leyendas de Morgan, el pirata; la historia de nuestro país; la importancia del mar para nuestra isla y la necesidad del estudio… Recuerdo muy bien que había una pintura de Fanny Salazar, y abajo unas palabras de Gonzalo Arango que decían: ‘San Andrés: tan lejos de Colombia, y tan cerca de mí’”.

Hoy el Flowers parece un campo de batalla. No tiene muro de cerramiento, lo que impide que las instalaciones estén protegidas del vandalismo y que el desbordamiento de las aguas residuales penetre en horas de clase. Los cables eléctricos cuelgan de las paredes como juegos para niños. Las escaleras de madera están maltratadas por los años y el poder destructivo de la sal. La pintura ha dejado carachas sobre la pared y los jardines parecen un desierto de arena de mar. En general, las instalaciones de éste, uno de los colegios más representativos por su educación étnica, están destruidas por completo. Al igual que el Flowers, un 85% de las instalaciones educativas del departamento se encuentran en pésimas condiciones, lo cual para una población de 14.000 niños y jóvenes estudiantes, es muy preocupante.

El problema se agrava, ya que según un editorial del The Archipiélago Press, la deserción escolar es muy alta y los jóvenes al graduarse tienen pocas posibilidades de estudio profesional, lo que los arroja directamente al rebusque y al desempleo. Pero si en algo están de acuerdo las autoridades nacionales, regionales y los comerciantes es que más obras de tipo turístico, más policía y más cooperación de la DEA solucionarán el problema del narcotráfico en San Andrés.Dos días después de terminar mi investigación, mientras me camuflaba como turista convencional, la asociación de padres de familia inició un festival con música, rifas y bazar gastronómico: El Festival de la Luna Blanca, una fiesta al mejor estilo de la cultura isleña, en donde niños y adultos convivieron en un idioma de paz y esperanza. El dinero recogido sería destinado a recuperar la vida del Flowers Hill Bilingual School. Con esto los padres de familia esperan dar inicio a un plan de motivación de estudio para un puñado de niños, y así alejarlos de la influencia del narcotráfico. Al festival asistieron algunos comerciantes preocupados por el problema, tres europeos y dos colombianos del interior. Sólo se recogió un 25% de lo que el Flowers necesitaba para no caerse. Ninguna autoridad o empresa de turismo alguna hicieron su aparición. A esa misma hora las olas seguían en movimiento, el grupo de turistas seguía buscando la excursión de Medellín y los documentalistas europeos lamentaban no tener un paraíso como éste.

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