El presidente electo

Cómo son las cosas. Hace dos años Álvaro Uribe no era digno de entrar a la Universidad Javeriana. Hoy es el presidente de Colombia. Para el decano del Medio Universitario de entonces era irresponsable permitirle a un personaje como Uribe dar una charla de liderazgo a los estudiantes de la PUJ. En El Clavo sabíamos que Uribe iba a jugar un papel importante en las elecciones venideras y nos parecía pertinente invitarlo a él, y también a Serpa, a charlar directamente con la comunidad javeriana en nuestro campus. Hoy Uribe llega a la casa de Nariño con el respaldo de más de cinco millones de colombianos y los javerianos no tuvieron la oportunidad de hacerle preguntas de frente.

Todo estaba preparado para la charla de Uribe pero por alguna falencia en las comunicaciones internas el decano del Medio Universitario era el único que no se había enterado. Al hacerlo, un día antes, se opuso con vehemencia hasta el punto de decir que si no se cancelaba el evento daba orden en la portería de no dejarlo entrar a la Universidad. Hoy, tan indigno personaje designará el próximo Ministro de Educación.

El mencionado decano (quien de hecho a veces me recordaba a Uribe tanto por su elocuencia y su amabilidad paisa como por su actitud frente a la autoridad) tenía razones fuertes para pensar así. Nos hizo saber en reunión privada sobre datos reveladores que conocía de algún pasado oscuro y cuestionable de Álvaro Uribe Vélez.

El evento se canceló (donde manda capitán…) y aunque en la carta que le dirigimos a Uribe fuimos bastante creativos en las disculpas, aun recuerdo el tono de su asistente al hacerme entender que ya el doctor Uribe se imaginaba que los directivos de la Javeriana podrían haber tenido que ver en tan repentina cancelación.

Había conocido a Uribe algunos meses antes en Rionegro, Antioquia en un seminario de capacitación política. No fue difícil darme cuenta de inmediato de su capacidad de seducción, la claridad de su discurso y la seguridad que reflejaba el tono de su voz. Sin duda tenía casi listas las herramientas para la campaña aunque faltaban casi dos años para empezarla.

Años atrás mientras caminaba desprevenidamente por el Rockefeller Center en Nueva York me empecé a ver rodeado de agentes de seguridad (esos tipos serios, muy bien vestidos y con sofisticados aparatos de comunicación -hands free-). A los pocos minutos se bajó de una limosina el entonces presidente Clinton. Nunca antes había estado presente en un despliegue de seguridad tan impresionante hasta ese día en que nos visitó el ex gobernador de Antioquia en el recinto de Quiráma. El salón era campestre y con grandes ventanales que nos permitían recrear la vista en medio de las agotadoras jornadas académicas. Mientras estuvo Uribe allí, por cada ventana se alcanzaban a ver soldados y agentes de seguridad, en el corto, mediano y largo alcance (me imagino que eso es lo que llaman cordones de seguridad). Ante mi asombro e ignorancia un compañero me dijo: “Lo que pasa es que el tipo está muy amenazado por sus supuestos vínculos con los paras”.

Después de esa ocasión, tuve la oportunidad de volver a escuchar a Uribe en un escenario pequeño en la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y luego en eventos un poco más grandes en la Universidad Santiago de Cali y en la Universidad Icesi. En esta última le escuché su más fuerte discurso. Muy bien aprovechó el escenario ese día rodeado de jóvenes estudiantes, la mayoría con casi cero formación política y “mamados” de que la guerrilla no los dejara ir tranquilos a la finca. Ese día en medio de aplausos no sólo aceptó que había apoyado y creído en las Convivir sino que si lo elegíamos presidente las multiplicaría por mil. Les indagó por la tranquilidad de sus familias, preguntó qué cuántos se sentían seguros, qué cuantos se querían ir del país. En fin, calentó el escenario como no lo podía hacer en otras partes (por ejemplo en una reunión que había tenido con educadores oficiales en días anteriores donde se había mostrado muy conciliador) y apeló directamente a lo que un amigo llama en política la manipulación de los sentimientos. Es posible que allí se hubiera sentido en medio de los hijos de esos “riquitos” -como lo expresó a un medio de comunicación- que le van a financiar la transformación del Ejercito Nacional en una especie de cuerpo de mercenarios.

He seguido con cierto detalle sus posturas y sus propuestas y sigo convencido de que tenemos un presidente electo muy inteligente y lejos mucho más audaz que el actual. Pero me sigue preocupado su perfil como mandatario en una nación con tantos odios y resentimientos acumulados como la nuestra. Ojalá el presidente electo nos demuestre al cabo de estos cuatro años a quienes hoy desconfiamos tanto de su propuesta que puede cumplir con sus metas respetando el espíritu democrático y ante todo, respetando los derechos y libertades de la población civil.

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