El TLC, la nota y…usted señor empresario

El TLC, la nota y…usted señor empresario

A las 10 de la mañana del domingo 31 de mayo, llegaron al aeropuerto los representantes de dos empresas norteamericanas; venían para analizar la realidad social de Cali en vísperas de una futura inversión de sus negocios a raíz del TLC. De casualidad llegué a este lugar contratado por una amiga de una ONG, para un proyecto de veras interesante en el que se invita a la inversión de capitales extranjeros. Éste busca darle fuerza al análisis del contexto social y cultural de las regiones, para que estas empresas se comprometan a generar proyectos de desarrollo en investigación. Mi función fue reunir material audiovisual sobre la visita de los invitados. Ese día los llevamos a Jamundí y luego los encaramamos a las cumbres de Dapa.

Como dije antes, llegué a este evento de casualidad porque el camarógrafo amaneció con una rasca hasta mala, se acordaron de mí y me hicieron levantar a las nueve de la mañana del domingo. Sí, levantándome a esa hora un domingo dizque para recibir a unos gringos que quieren invertir en el país —¡qué paradoja! Pero qué cantidad de “información” la que recibí de esos personajes—. A medida que transcurrían las horas con los representantes de estas empresas —dos de la General Motors y uno de la Free Cast Corporation, quienes me pidieron no decir sus nombres— me daba cuenta de que a pesar de su enredado español hablaban un lenguaje no muy típico en estas multinacionales.

Pues resulta que estos tres señores no eran ingenieros de vieja data, ni administradores con deseos únicos de capital, sino que uno de ellos era Politólogo con especialización en Estudios Políticos Latinoamericanos y los otros dos eran Sociólogos, todos con cargos importantes en estas empresas. “¡Qué vaina tan rara!” —pensé—. “¿A qué vienen estos ‘manes’?”. Pero como yo era el pinche camarógrafo, pues había que concentrarse en la grabación. Como uno en esto tiene que ser curioso, y como yo sabía que no podía ser el camarógrafo de las conferencias que empezaban el lunes, pues le dije a mi amiga que me dejara entrar. Y así fue; el lunes estaba a las ocho de la mañana sentado en una casa en Ciudad Jardín con mi grabadora de periodista, ya no como camarógrafo sino como invitado a la conferencia.

Al llegar a la reunión había más gente que no conocía, dos de los cuales eran representantes de empresas importantes de la región, de las que también me prohibieron dar el nombre en este texto. Ellos desde que llegaron hicieron alarde de sus estudios en Administración, Evaluación de Proyectos, Finanzas Internacionales, Ingeniería Económica… Bueno, todo eso.

La presentación del director de la ONG decía: “Sobre el desarrollo de la información en Cali”. ¿Que qué? Yo todavía no entendía un carajo. Bueno, pues resulta que estos ‘manes’ que vinieron son las personas encargadas de analizar el desarrollo de la información en diversas regiones del mundo, empezando y teniendo como base las universidades: sitios y centros de desarrollo e innovación de la información.

El sociólogo de la General, en su discurso, empezó con cosas muy interesantes que, en mi opinión, nuestras universidades y sus profesores no alcanzan todavía a percibir. Dice el representante de la mega productora de carros en Estados Unidos que la excesiva necesidad de la nota en las universidades colombianas permite buenos resultados numéricos pero no buenos resultados en creatividad. “La nota permite medir la capacidad de trabajo más no la capacidad creativa, y ese paradigma se rompe en el preciso momento en que pasamos de una economía industrial a una economía en donde la materia prima es el conocimiento aplicado a la innovación, a la creatividad, a ir mas allá”. Esto lo esta diciendo alguien de la General Motors… ¡Que conste!

Como uno también ha leído del tema, les voy a citar a unos de esos economistas que habla de lo mismo, Kevin Kelly: “en la economía industrial, la medida de valor estaba justificada en la productividad y la efectividad; en la economía de la información todo se mide en términos de la capacidad de generar nueva información a partir del conocimiento. En la economía industrial la productividad está determinada por las máquinas. Mientras las máquinas producen, los hombres generan nuevas ideas”. Conste que lo dice Kelly.Siguiendo con la conferencia me encontré con datos muy interesantes. Por ejemplo, dice el sociólogo de la Free Cast Corporation, “en Colombia un 70% de las patentes son de empresas extranjeras que tienen sus centros de investigación en el país… A ese nivel le sería imposible a la empresa colombiana competir con empresas con niveles mucho mas altos en innovación… La creatividad es la base de todo en la actualidad y de eso depende la competitividad… Si el estado, la empresa privada y la universidad no se dan cuenta de esto, Colombia está a punto de firmar su propio declive económico y político. Esto generaría un flujo de capitales que no le permitirán mejorar en su balanza de pagos y en el desarrollo de la democracia, de lo que se desprenden otra cantidad de consecuencias para todos claras”.

Sí, se desprende más déficit fiscal, más corrupción, más guerra, más pobreza, más hambre… Bueno, todas esas cosas que a mi modo de ver tienen sin cuidado al Estado, a la empresa privada, a la universidad. Aunque yo entienda que tengamos que firmar este acuerdo con los Estados Unidos, creo que esto obliga a que nos pongamos las pilas y empecemos a mirar las cosas de otro modo. Y en eso las universidades tienen que mejorar, porque acuérdense de que ya no son las únicas universidades del país, sino que van a competir con las que les llevan años de innovación, creatividad y libertad de pensamiento. No creo que seguir midiendo a los estudiantes por la nota les traiga muchas ventajas competitivas en el largo plazo y tampoco ayudan a enfrentar a este monstruo que nos invadirá en el futuro.

Sobre el tema que acabo de tratar atrás, un profesor de la Universidad del Valle preguntó: “¿Y entonces hay que quitar las notas de las universidades y colegios y eso nos va a permitir más creatividad por parte de los alumnos?” El sociólogo de la General Motors respondió: “La cosa no esta en quitar las notas; las notas en sí no son el problema. El problema es la creencia ciega de las instituciones y los profesores en la nota. Yo considero que vale más un trabajo de investigación, de lectura, de preguntas por parte de los estudiantes, que los típicos exámenes de memoria y la obligación de hacer todo tal y como el profesor lo dice. Eso no permite que el alumno supere sus barreras sino que le crea más barreras. Y a largo plazo esto se ve reflejado en su trabajo, a largo plazo esto se ve reflejado en la creación de empresas, a lo largo eso se ve reflejado en las instituciones políticas… Las notas son solo una medida y son importantes pero no son la verdad; estamos hablando de seres humanos, no de máquinas. Las notas pueden medir a las máquinas no al innovador, al creativo, al ser pensante”. Esta parte sí que me gusto, ¿a ustedes no?

Al ver toda esta retórica —por momentos muy apetitosa—, me puse a observar a los representantes de las empresas vallecaucanas y les cuento que los tipos estaban como locos. A la hora de exponer sus ideas no hicieron sino hablar de la necesidad de que las empresas traigan más capital; de cómo conectarse cada vez más con el mercado; de más tecnología; de más estabilidad política, cuya importancia nadie niega, pero de las que ya hemos hablado por muchos años. Mientras los gringos citaban a Kalmanovitz, a Tapscott, a Thurow, a Castells, los representantes industriales de nuestra región no hacían sino mostrar balances, estados de resultados, números, números, números, trabajar, trabajar y trabajar. Yo creo que nunca se dieron cuenta de que los gringos estos les hablaron dos días seguidos de cosas humanas. Les dijeron mil veces que la empresa es una reunión social que depende de la capacidad y la estabilidad de cada una de sus fichas, todo esto fundamentado en la creatividad. Nunca en toda la conferencia escuché a los gringos traer a colación las cifras de sus organizaciones.

La verdad, me dio lástima por estos empresarios porque ellos todavía siguen pensando en la nota, ¡ah no, perdón!… en los dólares.

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