Empobrecimiento ilícito

Empobrecimiento ilícito

La gente de Cali está “dando papaya” para ser procesada por este delito. La razón es clara: los caleños son inoculados a diario con una información que los lleva a creer que luego de clases, trabajar o seguir buscando trabajo, la única opción para divertirse es salir a rumbear.

Entonces no existe nada más en el plan nocturno de los caleños que terminar bailando y bebiendo hasta que se vacíen los bolsillos, junto con muchas neuronas mezcladas en la saliva que estalla de sus bocas mientras cantan vallenatos a todo pulmón. Resulta tenaz que en una ciudad en la que muchos trabajamos para generar espacios de encuentro distintos, variados, especiales y creativos, se mantenga una mirada completamente sesgada hacia la rumba como único espacio de diversión.

Pero ¿qué significa divertirse o recrearse? Tomar otro rumbo, variar el camino, dar cuenta de otras posibilidades, volver a encontrarse. Cali puede llegar a ser un lugar para ello sólo si la gente busca y encuentra las ya existentes posibilidades para hacerlo, mientras evita que los dueños de la rumba y el comercio a través de los medios le inyecten el deseo de ir a tal o cual sitio.

Recuerdo lo que la gente me dice cuando se excusan de no ir a ver teatro o danza en Cali: “…es que a eso casi no le hacen difusión…”. Pero claro, hay que entender que por difusión actualmente se entiende sólo aquello que repica en la cabeza sonando en todas las emisoras, los portales, volantes, pasacalles y secciones faranduleras de los noticieros. Entonces me parece inevitable hacerme unas cuantas preguntas al respecto: ¿Será más importante el “bombo publicitario” o el criterio personal para explorar nuevas opciones de diversión? ¿Realmente es tan enriquecedor hacer y hablar siempre de lo mismo? ¿Vamos a encontrarnos en estos sitios de rumba o a que nos encuentre el lente de una cámara y los ojos de los demás? ¿Nos interesa obtener impresiones de los eventos a los que asistimos o quedar impresos en revistas o publicados en Internet?

Sí, la rumba es un ritual de las culturas urbanas, como lo son también el arte y el deporte. Todos nacen del ocio, o sea del tiempo que disponemos para nosotros, para aprovecharnos, para encontrarnos, pero suele pasar que solo asistimos a aquellos eventos que prácticamente han sido pirograbados en nuestros cerebros a través de las infinitas estrategias de “mercafeo”.

Mientras por un lado viene un reconocido grupo de actores de los que salen en la televisión (¡y eso lo dice todo!) con sus comedias insulsas, por el otro las salas concertadas de teatro en Cali siguen convencidos de sostener sus programaciones con las puestas de los grupos locales y montajes de las escuelas profesionales de actuación para los pocos que asisten; y eso que los precios no tienen punto de comparación con los espectáculos capitalinos.

Por un lado viene un cantante vallenato que canta igual a los otros cincuenta y siete, cobran la plata de este mundo y el otro para entrar a verlos, y por el otro la programación de la ciudad en muchos espacios culturales, bares alternativos y entidades publicas y privadas se jacta de tener muy buenos grupos, variadas tendencias musicales y precios realmente económicos (si no son gratis) con la mayoría de butacas simplemente vacías.

Sinceramente me da miedo pensar que Cali vaya como Vicente… ¡para donde le indique el gerente!

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