Enero es el domingo del año

Enero es el domingo del año

 

enero

Por María Camila Trujillo Vargas
@MariacamilaT

Ha pasado casi un mes desde que comenzó el año. Las metas y objetivos propuestos empiezan a prolongarse de nuevo sin que nos demos cuenta. Se terminan progresivamente las vacaciones y una agobiante rutina de clase y trabajo están ahí, esperando por nosotros. Lo mismo pasa con las cuentas que están pendientes por pagar o las grandes deudas que resultaron del derroche y los excesos bacanales a los que nos dedicamos durante el fin de año.

El cuerpo y la mente también empiezan a exigir. Enero es el domingo del año y encontrarse en los últimos momentos de la resaca es un tanto lacerante, pues es justo ahora cuando nos percatamos que el lunes está por empezar. Percibimos ahora más que nunca, que el tiempo del “otro” año se está pasando y si no somos nosotros los que tomamos medidas para que algo cambie, nada sucederá.

Desde que terminó octubre y empezó a augurarse un largo viernes de eventual descanso, muchas fiestas y menesteres sociales fueron permeando nuestras cotidianidades hasta el punto de nublarnos transitoriamente la consciencia y hacernos despojar de obligaciones, rutinas de trabajo y buenos hábitos.

Es ahora cuando el tiempo se encarga de que encaremos todo lo que está pendiente y afrontemos las consecuencias de habernos ahuyentado de la vida real.

En mi caso personal, lo que más me aqueja en este momento se compone de cinco letras: T-E-S-I-S. De repente, a pesar de haber dicho que utilizaría las vacaciones para avanzar en ello, me doy cuenta que fue una premisa fallida. Recuerdo que en varias ocasiones, durante conversaciones joviales, pereza matutina o actividades ociosas, me llegaba a la cabeza aquella palabra, somatizada en síntomas como opresión en el pecho y congestión cerebral que pronosticaban lo que estoy sintiendo ahora. De todas formas, encontré la manera eficaz de calmarme a través de la falsa promesa: “Desde mañana empiezo”… pero eso nunca pasó.

Escribo esto para gente desidiosa y fiestera como yo, que se mantuvo hasta ahora prolongando los pendientes. Como pasa siempre los fines de semana, ya que la mayoría de ustedes comprenderán a la perfección lo que se siente despertar con una gran resaca que, con síntomas físicos y mentales, revela de la manera más cruda esa sensación de: “se pudo haber hecho algo mejor”. Lo único que queda entonces es multiplicar el esfuerzo en el mes que viene y compensar las cargas, para no permitir nuevamente que las noches del domingo, se vuelvan noches amargas.

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