Es mejor no combatirla

Es mejor no combatirla

Son muchas las historias tejidas alrededor de la palabra fealdad, en un diccionario común y corriente se encuentra la siguiente definición: Carente de belleza, que impresiona desagradablemente el sentido de la vista. Literalmente el significado de la palabra feo alude a aspectos desagradables, los cuales se pueden encontrar en diferentes partes: la novia o el novio, en las casas, en las calles, en la ropa, en la familia o hasta en el baño. En fin son muchos los lugares donde esta palabra se puede convertir en adjetivo, llegando incluso, a veces, a ser amenazadora.

Pim-pi, suena el pito del automóvil sobre la ventana de la novia. Cinco, seis, nueve, diez, suma y suma de segundos…de minutos, el tiempo pasa, la espera empieza a ser eterna, y el conductor empieza a perder los estribos. El sudor empieza el recorrido, camina por las patillas hasta llegar al cuello, después, ese mismo liquido salado hace contacto con la loción; mezclándose, formando una nueva sustancia. Ya no hay ni sudor, ni loción sobre el cuerpo del Donjuán, su camiseta también pasa a ser victima del torrente de aguas marinas que nacen en la cabeza del novio, esta se empieza a espigar sobre el cuerpo, dándole nueva forma, nuevos decorados si se puede llamar a las gotas de sudor dibujadas sobre los colores de la prenda, se acumula un nuevo olor sobre el ambiente y la espera, se vuelve todo tenso dentro del vehículo. El novio siente que su esfuerzo por verse bien, o mejor por no verse tan feo, se va, al igual que los aromas con los que llego al lugar del estacionamiento.

La novia por fin manifiesta su existencia desde la ventana, se convierte en ese instante en la doctora, o en la cajera de banco que hace esperar a los pacientes impacientados, ella no se da ni por enterada sobre la situación que se vive sobre la epidermis del sacrificado hombre. De sangres derramadas son los colores que pueden aludir los labiales expuestos sobre el tocador de la mujer, innumerables cremas que tratan de jugar un papel importante en la vida de la entretenida dama perfumada. Detrás de las cremas y del rojo escarlata de los labios carnosos, la novia se debate en contra del fantasma de la feura, ella ha utilizado un sinnúmero de armas para ganar una vez más la dura guerra a favor de lo que ella denomina estética. El novio toma la batuta de referí de la competencia; continua sobre el viejo y maldecido asiento de cuero; victimario de las palabras soeces, feas, reproducidas en serie gracias a su descontento.

Sale la aclamada mujer de la morada. El referí, el paciente, el chofer o el novio (como le quieran llamar) mueve sus pupilas de arriba a bajo, en forma de Zig-Zag, haciendo un análisis detallado del producto de sus mojados sacrificios. No queda conforme con el maquillaje bélico implementado por la invitada para combatir al duro contrincante, el chofer (el novio) siente que su sacrificio no bastó para ver lo que sus ojos le venían proponiendo al momento de aplicarse las fragancias emigrantes. La misma sensación sintió la fastuosa novia demorada, la fealdad se hizo presente en la tan esperada cita, solo necesito de una pareja para dejarse reconocer, manifestándose en cada par de ilusos ojos.

Toc-toc, suena el golpe sobre la lámina de triplex. Se abre la puerta como si hubiese una persona dispuesta a contrarrestar el toque exterior. La madre le dice al novio: siéntese mijo, ella ya baja. Uno, dos minutos, baja la invitada sonriente; sin maquillajes ni etiquetas que contrarresten ese ser fabricado por la naturaleza. El novio bien sabe lo que le puede brindar la invitada, ella también sabe lo que le puede brindar el novio en el tan propuesto y avecinado rato. Nada de loreal ni de colorines sobre el rostro de la mujer, que si es novia, no se transforma ni en doctora ni cajera a cuestas de los maquillajes usados por algunas. No hay desilusión por parte y parte, los dos se vuelven a ver tal y como sus ojos los tienen construidos en sus respectivas memorias.

En conclusión, es nocivo combatir en contra de la naturaleza, ella sabe como hace sus trabajos. No saber combatirla puede llegar a traer consigo consecuencias funestas, la mejor manera es convivir con lo dado, eso implica aprender a aceptar lo que tenemos, es tener en cuenta la facultad de pensar, saber que tenemos un cerebro, que somos únicos. Una respingada nariz y unos bonitos ojos no son más que un caparazón de lo que tenemos dentro de nosotros. Maquillemos nuestro cerebro con libros, con información, con estudio, ahí esta el verdadero camino de la belleza.

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