Esa tarde…

Esa tarde…

Detesto mi memoria. Tengo la preocupante sensación de haber cometido el error. ¿Cómo pude citarlas en el mismo sitio? ¿Será posible? Sí, era cierto, porque al aproximarme para verificarlo, allí estaban, aprensivas, aparentándose una amarga indiferencia. Y ¿cómo pude ser tan ingenuo? Bastaba verlas para comprender que mi sigiloso secreto ambas ya lo percibían, y que sólo les faltaba confirmarlo aquella tarde. Sabían, sin cruzarse sus miradas, que esperaban mi llegada. ¡Qué torpeza imperdonable! ¡Qué confusión! Quiero huir, desaparecer. Irremediablemente debo acercarme. Mi supuesta dignidad de hombre no me permite la ridiculez de ser cobarde. Ellas son mi único amor. Son todo lo que amo. Estoy en blanco, absorto.

Sus grandes ojos claros, esta tarde muy tristes, brillan humedecidos por las lágrimas con celosa furia. “Mi amor, ansiaba verte” me gritó, en tono de reafirmación, para que se oyera, al mismo tiempo, que su voluptuosa y grácil figura, siempre femenina y seductora, me suscitaba ese padecer incontrolable de pasión por todo mi ser. Y más atrás, el otro tono de voz, muy pausado, “estaba esperándote…”, con su hermosa y tierna sonrisa, mirándome con cierta inexplicable picardía que hacía resaltar la natural belleza de sus ojos negros. “¡Vámonos ya! Quiero irme contigo. Tú sabes que eres mi amor”, me repetía, mientras me abrazaba, entre sollozos, cubriéndome con su cabello rubio, colmándome de besos. Sufro con su clara mirada. Una vez más, ¡detesto mi memoria! Estoy pasmado. “Quiero hablar contigo, ahora, si ella nos lo permite” me pareció escucharle con un tono de serenidad que me desconcertaba, mientras la contemplaba distante entre los abrazos, reprimiendo, con extrañeza, la inmensa ternura que me invadía en medio de los besos.

Estoy perdido. Las amo. Pasión y ternura. Instinto y comprensión. Angustia y sosiego. Grito y murmullo. Carne y espíritu. Locura y sensatez. Ellas son mi amor. Sólo ello explica mi descuido inexcusable.

+Decídete ya, por favor, dile ahora que me amas”.
Es insostenible esta situación. Voy a irme, pero cuando termines con ella espero tu llamada, si así lo quieres”.
+Dile que no vas a llamarla. Dícelo, mi amor. Dícelo de una vez”.
Créeme, que sola puedo colmarte y hacerte feliz. Estaré esperando tu llamada”.
+Ya le dije. Él no va a llamarla. Dile, mi amor, que no vas a llamarla por favor. Dícelo de una vez”.
Adiós, mi amor, tómate el tiempo que necesites para tranquilizarla”.

Confrontado… no creo ya en la exclusividad del amor. Ellas son mi único amor. No puedo excluir. No puedo ser selectivo. No puedo amarlas por separado. Las amo juntas. ¡Detesto mi memoria! Detesto mi cultura afectiva, mi olvido imperdonable, pues ha dejado en vilo, para siempre, todos mis afectos y ternura, y mi alma desoladamente afligida, completamente abandonada, sin el amor de mis ojos claros y mis ojos negros, y mi desesperanzado corazón dolorosa y angustiosamente fraccionado…


Esa noche…

Comments

comments