Imperio reggaeton

Imperio reggaeton

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a una muestra de productos audiovisuales de estudiantes (documentales, cortos de ficción, entre otros) y entre estos trabajos estaba un documental titulado Welcome a Tumaco. El documental retrataba cómo en Tumaco (Nariño) los ritmos musicales autóctonos, como el currulao, estaban siendo reemplazados por el pegajoso reggaeton. En mi opinión, esto es lo más normal del mundo, es más, Tumaco estaba atrasado respecto al resto de ciudades colombianas donde los jóvenes prefieren entonar un “metelo papi metelo”, en vez de un “si huele a caña, tabaco y brea…”

Pero lo que se apoderó de mi atención cuando vi el documental fue la escena de 3 niños con escasos 7 años que habían formado un grupo de reegeton (y no lo hacían nada mal), y por consiguiente ya estaban incluyendo en su léxico frases como: “dile a tu hermana que yo le meto la banana” (con rima y todo). La verdad, me escandalicé. No me gustaría que dentro de 8 años mis hijos estuvieran entonando frases alusivas al sexo, y no es por dármelas de puritana, sino que simplemente quisiera que mis hijos a los 7 años vivieran y cantaran lo que debe cantar un niño de esa edad, o que por lo menos entienda qué es lo que canta.

La verdad no tengo nada en contra de este ritmo musical, respeto a la gente que le gusta y, de hecho, no he podido ser completamente ajena a su pegajoso sonsonete ya que me sé la letra de unas cuantas canciones. Gracias a Dios cuando el reegaeton llegó a Colombia yo ya tenía mis inclinaciones musicales definidas. Hoy, lo único que me gustaría es que en mi país, los niños de 6 y 7 años canten por lo menos los éxitos del Club 10, que canciones con contenido sexual que les hacen perder aspectos vitales de esa edad: la inocencia y la niñez.

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