Indigestión de fábula

Indigestión de fábula

venezuela

Por Felipe París

Desde hace un tiempo se ha venido contando un cuento sobre la crisis venezolana y en dicha fábula hay unos personajes principales: un grupo de animales malvados que son el terror del pueblo. El asunto central de esta historia transita entre la negación de la libertad que va encarcelando personas sin juicios, reinando la intransigencia y el hambre que ha llevado a los ciudadanos a cometer todo tipo de delitos.

Sin embargo, recordemos que en éste tipo de historias siempre hay un paladín, un salvador, un artífice de la verdad, de la transparencia, de la neutralidad. Todos los elementos mencionados nos dan para un cuentazo.

Hasta ahí todo bien. Es una fábula. Algunos les gusta a otros no. El problema es que de tanto repetirlo los colombianos han empezado a creer que la ficción es verdad. Error. Grave error. Y como nos gustan tanto los cuentos, olvidamos nuestra realidad para sumergirnos en los cuentos de la televisión sobre capos, bandoleros, ex presidentes y esbirros.

Pero volvamos a la fábula. Venezuela es uno de los exportadores de crudo más importantes del mundo, su economía gira entorno a éste negocio y grandes cantidades de dinero entra al país todos los días. Sin embargo, nos meten el cuento con insistencia: allí la gente se mata por un tarro de leche o un rollo de papel higiénico.

Perdidos ya, en el vericueto de la ficción, nos preguntamos, ¿por qué pasa eso? El escritor de la fábula nos responde: por el presidente Maduro, por el castrochavismo.

Decía Gabito que cuando no sepas que hacer con un cuento, asesina a un bebé… La leche para los bebés es uno de los alimentos más costosos. En Colombia su precio oscila entre 45 y 90 mil pesos.

En el cuento el mismo tarro de leche (de la mejor marca) cuesta cuatro mil pesos colombianos. El problema es que en Venezuela no hay leche; no se consigue, no hay en todo el país. Culpa de la política alimentaria de Maduro. No obstante, en grandes almacenes de Bogotá, Cali y Medellín, los vendedores dicen: “tengo leche norteamericana a 90 o venezolana a 30”. ¿Venezolana? ¿Cuento o la historia a veces flaquea?

El asunto de la leche es baladí. Piense en un producto, por ejemplo el café. En Venezuela es diez veces más económico que en Colombia pero nosotros lo sembramos y nuestros gobernantes los cargan de impuestos con los que se lucran los intermediarios, lo cuales pagamos los consumidores finales.

Cualquier producto en Venezuela es más económico, pero todos los días hay cuentos. A toda hora, en todo lugar y de todas partes somos receptores de información. Es algo de lo que no podemos escapar y con lo que no deberíamos luchar. El asunto radica en el error generalizado de no poner en contexto la información que consumimos.

Por todo lo anterior, igual que con las hamburguesas, algunos cuentos nos pueden indigestar; sabemos que nos hacen daño pero no buscamos escapar de ese círculo vicioso. La comodidad, la versatilidad, la generalidad nos atiborran la mente, y la barriga de chatarra.

 

 

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