Karmma

Karmma

La continuidad del cine realizado por colombianos en estos dos últimos años, es muy buena. La razón se debe, entre otras cosas, al apoyo del Estado con el ‘séptimo’ arte. Sin embargo, la calidad de las mismas versus la cantidad, deja mucho que desear.

“Karmma” es una de esas películas que ha sufrido el problema de la calidad. La cinta logró llegar con buena publicidad –incluso internacional-, como un gran acierto a las carteleras de nuestro país. Ha cumplido con el objetivo ser una historia al margen de lo tradicionalmente expuesto por otros colombianos en la pantalla grande, y, adicionalmente, hay que reconocerlo, cuenta con un gran (tampoco perfecto como dice su productor) despliegue tecnológico, en donde el atrevimiento con los planos y el montaje de los mismos, enriquecen visualmente la pobre historia sobre el secuestro de un hacendado del Llano.

La película trae consigo un claro mensaje de reflexión y apoyo a todos los secuestrados de nuestro país. Hace una abstracción de la realidad colombiana, que desde la familia misma vive la guerra de la indiferencia y la desunión. Todo esto suena bonito. Sin embargo, lo que no es “bonito”, es la manera como lo cuentan. Hay una total y absurda obviedad en el mensaje que desea dar Orlando Pardo, en donde el espectador es tratado como estúpido y el mensaje se convierte en algo tan absurdo que no se cree.

Perdónenme todos aquello a los que les haya tocado el flagelo del secuestro, pero es que esta película no sirve como espejo de aquel sufrimiento. Es más bien una excusa personal para vender un novelón de este acto tan reprochable.

Un karma que aburre desde el guión, hasta las fastidiosas actuaciones, exceptuando la de Diana Ángel, quien saca la cara por el elenco.


Dirección y guión:
Orlando Pardo
País: Colombia
Año: 2006.

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