La identidad masculina

La identidad masculina

XY es el cromosoma que identifica al hombre, mientras que XX lo hace con la mujer. La feminidad es una condición perse, es indiscutible: llega la menstruación y la niña se convierte en mujer para siempre, su feminidad no estará en discusión. No sucede igual con el hombre, el XY construye su masculinidad, no hay ningún proceso biológico que mágicamente lo convierta en hombre. Es un tránsito difícil. Es más difícil hacer a un hombre que a una mujer.

El hombre es una criatura que nace de mujer y permanece en brazos de mujer durante una buena parte de su primera infancia. Este hecho, indiscutiblemente deja una impronta en el hombre. No sucede así con la mujer que nace de mujer y no necesita de ninguna diferenciación para ser mujer.

El hombre no nace hombre, se hace hombre. Pero, ¿cómo hacerlo? Una idea primaria para hacer al hombre es la diferenciación. Algunos dirán ser hombre es no ser mujer.

Bajo el lema de ser hombre es no ser mujer, surgen inadecuados estereotipos de masculinidad, aparece la homofobia, aquel hombre que agrede física y públicamente a homosexuales para lograr el reconocimiento como hombre ante sus amigos. Se trata de exterminar todo lo femenino que haya en el hombre, por tanto, el hombre no llora, no se aflige, es fuerte. El hombre debe aprender a negar lo femenino.

Una segunda idea para construir al hombre es aquella que plantea que el hombre se hace hombre compartiendo con otros hombres, es decir, un proceso de aprendizaje a través de la imitación.

Ya sea que se construya la masculinidad por diferenciación o por imitación, aparecen dos figuras caricaturescas del hombre: el hombre duro y el hombre blando.

El hombre duro, uno de los pilares básicos del régimen patriarcal, es un hombre nada afeminado, un hombre importante, que se vale por si mismo y que se siente en la obligación de ser más fuerte que los demás. Es audaz y agresivo aunque la razón y el miedo le digan todo lo contrario. Es el proveedor de bienes materiales y su porte y condición representan al patrón.

Por su parte, el hombre blando, surgió en el siglo XVIII, con la figura de las hermosas, es decir, aquellos caballeros de las clases altas, nobles que con su porte femenino, peluca y finos modales encantaban a las mujeres de la corte. Descendiente de las hermosas, el hombre blando de hoy se distingue por su finura y buen trato con las mujeres, ellas le mandan, le gritan, le dicen qué debe de hacer y qué no debe de hacer, le manejan su dinero, le llevan y le recogen en el trabajo, debe reportarse permanentemente y si se rebela, será gritado o golpeado, así aprenderá que a su mujer se le respeta, se le obedece y se le teme.

El hombre blando cree equivocadamente que con su comportamiento sumiso, contribuye a la causa legítima de las mujeres por la igualdad, y se equivoca, porque su falta de temple, produce mujeres que quieren imitar al hombre duro y termina así agrandando la imagen del sexismo: machismo – feminismo.

Elhombre duro, el hombre blando y el hombre homosexual son hombres mutilados, los tres pueden haber sido víctimas del temible instinto materno, víctimas de madres demasiado presentes o demasiado ausentes, demasiado cálidas o demasiado frías, demasiado amorosas o demasiado indiferentes, demasiado consagradas o demasiado egoístas, etc. Cuanto más pesan las madres sobre sus hijos, más mutilados son los hijos varones, más le temerán a las mujeres, más les huirán o más las oprimirán.La presencia del padre es fundamental porque es el hombre quien engendra al hombre, decía Aristóteles. Se requiere la construcción del hombre reconciliado con su madre y con su padre, que reconoce su parte femenina en su capacidad de admiración, de ternura, de dulzura que de ninguna manera es el hombre blando y su carácter masculino representado en los grandes valores del hombre, esto es, el amor por la libertad, por la justicia, por la dignidad, el hombre que lucha contra la exclusión y que no la practica y no los ideales nimios de las caricaturas del hombre duro.

¿Cómo construir al hombre reconciliado? Los invito a encontrar indicios de respuesta a éstas preguntas, leyendo la magistral obra de Elizabeth Badinter, XY, la identidad masculina, una de las obras más memorables que haya leído en los últimos años, una de las obras más profundas y fascinantes que se puedan leer.

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