La Vergüenza del dictador

La Vergüenza del dictador

venezuelahambre

Foto: Reuters

Por Juan David Garzón
@Juandescribe

Lo primero que tengo que decir es que voy a hablar de Venezuela; de la Venezuela posterior al muy simpático dictador Hugo Chávez; la Venezuela de un remedo de presidente que ha demostrado su incapacidad en proporción a su ignorancia; voy a hablar de la Venezuela que es tan Venezuela como Colombia y tan Santander como Bolívar.

Las responsabilidades de todos los estados del mundo hacia sus ciudadanos han generado siempre diferentes puntos de interpretación. A veces (según algunos) es más importante conocer ¿qué tiene cada uno para aportar? ¿Cuáles son las responsabilidades de los ciudadanos hacía su nación? ¿Qué haces para que tu país crezca y progrese de manera colectiva? Pero bueno, en materia de interpretación cada uno se puede acomodar del lado de la moneda que más le convenga. El hecho es que tanto el estado como las personas tienen que velar por un balance natural, donde cada uno aporte lo que pueda (en eso pienso, concordamos todos).

Pero hay casos lamentables de ver el manejo social, como la situación económica en las calles de Venezuela (por lo menos lo que muestra la televisión).

El hecho hoy, es la escasez de alimentos dentro de los mercados brindados por el gobierno, notando una nación lejos de estar fundamentada en una economía basada en el oro negro (como lo son); el hecho hoy es que Venezuela se queda sin alimento mientras tienen el producto más apetecido en el mundo.

¿Qué mensaje puede mandar un gobierno donde no importa si eres profesional, ama de casa o barrendero, si la gente ve coartada su libertad de ir a un almacén y comprar comida sólo porque quieren comer?

¿Qué ganas de soportar una ideología política si las personas se desesperan de hambre? “Cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana” dicen por ahí.

Una idea en política se sostiene muchas veces no con el argumento de la idea, sino con la fuerza que esa idea le brinde a la gente, y Venezuela perdió el poder; perdió la voz aliviadora.

Venezuela es un país de carácter, sus ciudadanos de lado y lado lo han demostrado toda su historia y seguramente esto solo es un inconveniente que ese pueblo bravío superará; pero,el momento del fin de un movimiento tan firme como se veía en vida del dictador, se ve cercano cuando de hambre se quejan los que gritaban su nombre.

¡Fuerza chamos!

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