Llámenme romántico, pero prefiero el porno a la antigua

Llámenme romántico, pero prefiero el porno a la antigua

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Por Carlos Reyes
@recarlos94

Cuando de tabúes se habla quizá uno de los principales es el sexo y con él la pornografía, ese espacio en el que dejamos salir el director porno que llevamos dentro, dirigimos escenas, interpretamos actores e inclusive criticamos su desempeño. Algo obvio dado lo buenos amantes que somos, ya sea que lo hayas visto, escuchado, leído, o de alguna manera lo has apreciado.

Más allá de reconocerlo como un tabú debemos aceptar que la pornografía juega un papel muy importante en nuestras vidas y no cuenta con el reconocimiento que merece. Gracias a ella aprendes a conocer tu cuerpo y saber qué puede ser placentero a la hora de tener sexo. La pornografía es esa puerta que desarrolló el acto sexual y lo convirtió en algo divertido, erótico y de empoderamiento para el ser humano.

Hace muy poco en la década de los setenta, el porno se hizo popular, las revistas y películas de “fácil” acceso crearon toda una industria basada en sexo: películas con tramas poco creíbles, bastante incoherentes y ni mencionar los libretos, que de cierta forma mantenían la idea del erotismo.

Con el transcurrir de los años y la presencia de iInternet (hasta desde un celular podemos ver videoclips) las películas pasaron a un segundo plano: vídeos de unos cuantos minutos donde no hay trama ni diálogos, sólo diferentes posiciones sexuales envueltas en gemidos exagerados y aparentemente dolorosos (no de forma divertida) que casi se convierten en gritos, quitándole toda realidad y sentido a la esencia del cine erótico.

Y como si lo anterior no fuera suficiente, ahora debemos encontrarnos con porno cada vez que estamos en nuestras redes sociales. Ya no tenemos opción de ingresar o no, es decir, ni siquiera nos preguntan si somos “mayores de edad”.  Así que me ataca una duda, ¿a dónde van a parar los buenos modales?

Con la aparición de los gifts, estas imágenes en movimiento con diferentes posiciones y escenarios sexuales que inundan Facebook, no sólo nos quita a los demás la decisión de cuándo y a qué horas queremos ver porno, si no que de alguna manera, la “gracia”.

El porno solía ser algo privado y emocionante, ahora es aburridamente popular. Personalmente creo que es mejor saber qué le gusta a alguien en el ámbito sexual, cuando de tener sexo con esa persona se trata, y no por haberlo hecho publicamente en Internet. Llámenme romántico empedernido, pero la verdad prefiero mi porno a la antigua.

 

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